GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a INÉS LEGARRETA
(Publicado en la página de Facebook el 12 de agosto de 2026)
Inés Legarreta nació y reside en Chivilcoy, Pcia. de Bs.As. Es poeta, narradora, profesora de Literatura y gestora cultural.
En la entrevista, Inés, dice:
« La poesía, a la que me había negado durante tanto tiempo, vino para salvarme.»
SELECCIÓN DE SU OBRA
De ¨La Puntada Invisible¨ Ediciones en Danza, 2016.
I
Abro la puerta para que el aire de campo
se vaya
y quede la sensación
de haber sido respirado
pasto/ tierra/sol
un alambrado maltrecho
los cardos violetas/ qué luz contra los eucaliptos
esta mañana
II
El olor triste de unos sillones
me deja pensando
en mamá/ y en mí/
como dos mundos que no tuvieran más que sol o niebla
y se entregaran al abandono / o la quietud/
los colores perdidos
los escalones/ los vidrios limpios
de las ventanas y las puertas
igual que en los sueños
una y otra vez.
Había tantos cuartos y habitaciones/
y una escalera deslumbrante para las niñas de la casa/
allá arriba/ cerca del cielo/
entre nubes la rueca y el telar
donde pincharse el dedo para dormir cien años
en el musgo mullido del bosque/ de un hombre / de cuento/
parecido a la muerte.
Pero tropezamos con la alfombra mal puesta
del tiempo
y caímos/
analfabetas en otra historia
de terror.
III
no me visita la gracia
ni la belleza
quizás no sea posible
la súbita iluminación el grito o el aullido
porque los versos dependen más que de cualquier otra cosa
de mis manos
van por el papel dejando constancia de la carne
y el olor de todos los días
la cocina la ropa usada la tierra removida por la lluvia
cuántas sábanas
a veces se quedan con un perfume
y sonríen por el rastro de los cuerpos en la noche o en la madrugada
o a la mañana al despertar
entra el sol
las manos escriben
y el anillo de piedra tiene
la marca del agua, la sal
que se deposita en silencio
como en los cuerpos las arrugas y los dobleces y el ruido del tiempo
apaciguado por nosotros
con palabras
IV
Mi hermana está aprendiendo a bordar
con punto sombra/ una puntada
casi invisible
(yo escribo)
en los antiguos camisones y enaguas/
en las toallas de mano/
en las batas
(todas prendas de
la intimidad)
inútiles
y fuera del tiempo/
cuando la luz
cae
como una nube morada
respirando
en las manos
pero el hilo
de la historia
crece
en la palabra escondida
V
No iré a ningún otro lugar
porque acá
viví
incendios sequías inundaciones
el amor
el cielo al revés
y el ruido a chatarra del molino
con el viento
que pasa por las hojas de los eucaliptos
(allá contra el fondo)
donde me voy a quedar
cerrados
los ojos
VI
Viene el agua desde dónde
hubo un cielo
y se cae en las baldosas en los canteros en los rosales
tan suave
como música alejada en la memoria
de algo feliz
que no vuelve
VII
Estaba tan triste, tan triste,
que
ir a sus brazos
es tan natural como tomar agua de un arroyo en la montaña
papá adoraba las montañas, el paisaje del sur
la cercanía de los lagos
la belleza
no creemos que sea posible
algo así
pero está el agua pasando entre nuestras manos, el color, la transparencia
otra vez papá y yo
hablamos
lloro
delicadamente
hizo el chasquido con la boca, dijo lo que siempre decía
para hacerme reír
"no es tan malo, Negrita"
“¿acá o allá?"
"en los dos lados"
y después volvimos
a caminar
a lo largo de no sé dónde
- era tan cálido/ qué feliz era-
hasta que nos perdimos de vista
como cuando murió
yo lo miraba
pienso "está vivo"
pero ya no soy una nena
ni camino de su mano
le sostenía la ilusión para que pudiera tragar aire
le sostenía las cosas
los caballos que se escapaban del corral
había que cerrar la tranquera
en el sanatorio
y yo la cerré
papá decía "apurate antes de que salten"
después le puse
candado
doble cerrojo
una moneda en el cajón/ y tierra de donde había nacido
para que atravesara sin problemas
la muerte
nadie me consuela como papá
nadie
De ¨El jardín desconocido¨, Ediciones en Danza, 2018.
I
Me ha impresionado un cielo
azul
en espiral hacia lo alto
de él mismo
como una persona que se alzase
delante de un árbol
y lo superara
en estrellas.
II
Escucho el maullido de un gato
en algún lugar está escondido
quizás
como defensa
de la noche/ de la voz/ de una manera de acariciar
difícil/ con los dedos en punta/ con una cerrazón
que lo agobia más que los ladridos de un perro/
más que el agua salada del mar que no conoce
más
sí
este amor
se le parece.
III
Un trueno nos descubre ahora
tan oscuro el árbol de ramas verdes
la grisura de las nubes bajas
qué desconocido el jardín
bajo otra luz.
IV
Abro la puerta y el olor de mamá/
deambula
flores deslucidas en la pesadumbre/
de la tarde.
Una singular manera de dejar rastro
a medida que la enfermedad iba desnudando
su voz de papel gastado/
pequeña/
desde el suelo/ la que mentía/ detrás
de las cosas/ el ahogo
con su cardumen de avemarías en cruces de alcohol y pena/ y sed/
casi infantil la repetición despótica
de aquel gesto roto
cerca del corazón.
Así desgajada
flor artificial entre diminutos agujeros de mármol/
en agua de cementerio
quedó
la luz de sus ojos.
Giro entonces la llave en la cerradura
de la puerta de calle/
¿En este olor/
en el deshojamiento de las flores/
en la oscuridad/
agonizan
palabras
todavía?
V
En un óvalo titubeante
quedó
la llanura deslizándose.
III
Con el gato
no hay que dar explicaciones cuando ando por las ramas/
nada/ nadie me sigue/
qué vértigo de altura y soledad
se extiende la cordillera blanca de nieve
donde no hay huellas/ en silencio
un cielo para dejarse caer
infinitamente
caer
El gato me mira
- No entré en sus ojos todavía –
sabe que estoy a punto de ser expulsada
o de salvarme
y espera.
DE ´´Una gramática para mis sueños¨, Vinciguerra, 2018.
I
Somos varios los soñantes. Tenemos los ojos torcidos como cuando pasa un vendaval. Se fue y queda el desastre. Un solo jirón en las ramas y pensamos en la bandera. Por las letras que se nos acumulan en la cabeza y por al amor incansable, nos persiguen.
Por la belleza también.
II
No sé en qué categoría de soñante me han puesto. Quizás de vaticinios y otros. Una vez, no, tres veces, hablé con muertos y les entendí. No todos saben de qué manera las palabras se doblan en las gargantas alejadas; yo sí y los entiendo.
Pero para ser un soñante hay que no saber.
III
Cada cosa tiene que dar su propia explicación para empezar a ser: un color, por ejemplo, o un abanico abierto sin uso encima de un libro escrito en francés. Así soñamos. Yo recuerdo ese día cada vez que –como hoy- las ramas del sauce empiezan a tener hojitas verdes.
IV
Enseguida la esmeralda se volcó sobre el océano: fue una luz que no olvidaré, me dijo un soñante recién nacido. Tenía los ojos hermosos con lagañas débiles y largas.
V
Hay un silencio que es el de la lluvia continuada; abrí un sueño, la amapola se comía dos o tres caramelos, era tan hermoso y encantador oír el crujido de papeles llameantes que seguí soñando hasta ahora.
No. No hay tantos poetas. Soñantes tampoco.
VI
Para cantar nos juntamos los días miércoles porque es cuando se lava la ceniza: los versos igual que las manos delatan.
De ´´ Un amor doméstico y oscuto´´, Ruinas Circulares, 2019
I
He escrito varios poemas
ninguno llega a decir de mamá
la luz de una lámpara de acero con cuerpo de serpiente volcada directa
sobre la camisa o los ojales
la aguja y el hilo iban y venían
con firmeza mamá repasaba
esa es la palabra
los botones / el brillo de los cuellos / los puños:
la blancura era una de sus obsesiones
y la perfección de la caída
de un vestido tapado bata pañuelo de seda
siempre el perfume con ella
en el escote y en el pelo ondulado de joven
en los cajones de los placares y en cuanto importaba
simple y natural
su elegante indiferencia
a casi todo
a nosotros sus hijos
le costaba prestarnos atención
si no era para señalar una mancha o un deber
o ponernos en la fila de lo que había que corregir
sin embargo
no me ha dejado
más marcas que una madre amorosa
de ésas que hacen el pan con sus manos y te arropan todas las noches
cuántos hermosos poemas y versos
que me son ajenos (y les serán a mis hijos)
pero no me desvela
la idea
porque igualmente
siempre quedamos los hijos
haciendo cuentas y ensayos
preguntas
mamá era bella refinada estética
yo la mayor parte del tiempo no la vi.
II
Estás herida -me dijo-
y de sus manos se abrió la misericordia
fue tan extraño
él está siempre en el barro revolviendo basura
no busca belleza
para escribir
encuentra en la fealdad
versos
pero en aquel momento
sentados a la mesa de un café
fuimos ángeles.
III
Con un ojo
no veo nada o tan turbio
tan duplicada la imagen
que es un continuo de luces y sombras
en donde el brillo de la ventana pega en la mesa la compotera
afuera está el jardín
también con una raya oscura
como si alguien hubiese dicho de acá para allá no
las flores se separan
simétricas
fluctuantes
arman otro jardín
y es lo que se ve nítido de este lado
claro y definido
un remanso donde descansar
pero no siempre
sólo cuando presto atención
noto la variedad
que convive en mi cara
porque
naturalmente
la costumbre iguala al olvido.
IV
Pongo fotos
de mi cara y mi cuerpo presentes
como si fueran de otra
persona:
era
de una línea clásica la cara
pero sensual
la que yo miraba
nada o poco queda de ella
sin embargo
veo
cuanto es forma perdida contorno silueta
y me instalo
sin comodidad en la idea: a qué aspirar tanto espejo luminoso
si como escribió el Maestro Quevedo
ahí está
el tiempo que "ni vuelve ni tropieza".
V
No sé qué hacer con un hombre
desesperado
su amor pálido me saca de las casillas
anda entre las ruinas y se ríe y llora
pero cada tanto
deja caer
perlas
y yo amo las perlas.
VI A mi hermano Oscar Luis. In memoriam
Mi hermano quiso quedarse a orillas del río Juramento
que arrojaran sus cenizas en el paraje donde pescaba
con la botella de whisky la coca y los amigos
lejos
pero lejos de dónde
me pregunto
no hay eucaliptus ni paraísos ni sauces
no es el paisaje de la pampa no tiene el verde ni la extensión
recuerdo fotos de cuando éramos chicos pescando en el Salado
una tarde con los primos y los amigos del barrio
tan lejano todo ahora como el río Juramento en Salta
o la alegría
¿qué es lejos?
¿cuál es la medida para lejos y cerca?
no hay patria si no se la elige.
VII
Hay un hombre sentado en el muelle
de lejos lo miro
no creo que piense en nada extraordinario
tampoco que se consuma en vaguedades
se recuesta sobre sí mismo
descansa
no lo conozco no sé nada de él
sólo comparto el paisaje
pero mi marido dentro de un rato caminará hacia donde estoy
en el muelle lejos solo
no se llenaban sus pasos
los que ahora invierte hacia mí
de la idea que los dos nos hemos hecho
del amor y los años
ahora levanta una mano como diciendo vuelvo
yo respondo
ha sido un día espléndido
el lago tan quieto
y la luz que se apaciguará en la noche
oh la luna.
De ¨´ Sueños y sombras¨, Ediciones Arroyo, 2021
I
¿Cuántos cielos hay en el mundo?
¿Tantos como poetas?
Lo mismo podría decir de las flores
el amor
la pena
el mar que tiene todos los universos
o la tierra por donde caminamos
¿Miles hay?
¿De soles, estrellas, lunas?
Si está perdida
una mirada
basta
y la única palabra.
II
Entre tules y sombra la palabra que no nos dijimos
el grano de sal
están mi madre y un amante y un niño perdido
sentados a la orilla de una nube
como si se conocieran de mucho tiempo
y de la nada
hondura de la sangre / jaula de los otoños.
De la boca se le escapan hierros / lágrimas grandes/ cascotes
crece una tela blanca la tela de las vendas
llega hasta el mármol-barro y se rompe
como si fuera lluvia
como si vistiera
y desvistiera
en sudario
el cuerpo
y el grito
otra vez.
III
Sopla un viento
raro
mestizo norte-sur
que enloquece
dicen
y el sol sale y se va
nubes desparejas/ bruma en las hojas/
y en la flor que no quiere marchitar/
presagio de qué tormenta
más aún
más.
De ¨´De lejos y de cerca¨´, Ediciones en Danza, 2023
I
La lámpara caída los yuyos crecidos el mal trago de
la herrumbre
vienen a nosotros desde el primer momento
pero la opacidad límpida de las manos que nos reciben y acunan
provocan ese equívoco
de creernos
a salvo
al cual adherimos
con inocencia
a medida que empezamos
a hablar.
II
En el gran living
la biblioteca.
¿Habrá alguien en esta casa
hábil o indiferente
con lo postergado
o con aquella historia reacia
a convertirse en palabras
para darle forma?
Quizás
desde aquella hora apacible/oscura
o desde el perfume que obstinado persiste
en placares y cajones
aparezcan fragmentos criaturas difusas en la luz.
VI
Después de la muerte de mamá no había tristeza en la casa.
El pasado se acomodó a nuestro mirar de cerca y de lejos: fotos en la plaza
con gente vestida a la moda de los 50/y de los 40/y de antes también/
el instrumental quirúrgico de papá/los tarros de lata ingleses/toallas y toallones usados/ ceniceros/fichas/cartas/libretas/nombres desconocidos/
sillas rotas/elementos de cocina/envases de cremas y perfumes/revistas y diarios.
Al anochecer mi hermana y yo
sacábamos aquellos restos
de otras vidas
a la calle
en el cuerpo
aparecía la culpa
un leve giro de la cabeza
-hacia ambos lados de la vereda-
como buscando quien asintiera al desguace de la historia.
Cada tanto el ruido de un auto o una moto
y luego la soledad del silencio.
A la mañana siguiente
las hojas de los árboles
y un ligero desorden
de papeles.
¿Morir es esto?
VII
La frutera en la mesa el canasto con verduras
el pan y el queso un vaso de vino tinto
podrían haber compuesto un cuadro
de Velázquez Rembrandt o Caravaggio
según la luz y la fuerza de la pincelada
según el hambre o el ansia de eternidad
de quien observara la escena
pero ninguno de los que merodeábamos
en la cocina cuchara en mano
pensaba en las posibilidades
cotidianas
del arte.
Hubiera hecho falta
-entre otras cosas-
alejarse
para alimentar
esa indiferente avidez de la memoria
que pone flores
en floreros delicados
y en tumbas.
XIII
En la sala de espera los pacientes de mi padre
componían un vasto cuadro de enfermedad
y promesas de salud guiadas
por su hablar educado de manos firmes.
De igual modo era frecuente
que interrumpieran la placidez
de nuestras noches con timbrazos
corridas de madrugada o a la hora de la siesta
urgencias que dejaban sangre en el piso del consultorio
en las batas largas y en las toallas blancas de papá.
Sangre coagulada
seca
como el dolor de las madres
en la espera del milagro.
XIV
Sangre en baldes
ropa que luego sería sometida
a un tratamiento profundo de limpieza
ropa que se enjabonaba y refregaba más de una vez
hasta borrar el rastro
de la herida/la sutura/el bisturí.
A la hija
la sangre así lavada
verla diluirse bajo la canilla abierta
verla perderse por las hendijas del tapón de la pileta
ver los coágulos perdurar unos segundos
en las manos
sentir el olor inconfundible
antes de desaparecer por las cañerías
le fundó un paisaje.
Bello y atroz
el rastro de sangre en la nieve.
XXVII
La casa es la que tiene palabras.
Es también la que se desmorona
en cada línea.
XXVIII
Semejante al humo de los incendios
la música subía por el hueco de la escalera
eran Beethoven Rachmaninoff Mozart Stravinsky
sobre todo las sinfonías de Beethoven la Sexta la Novena
a la noche después de cenar
con un vaso de whisky papá en el sofá del living
la cabeza un poco inclinada
el cuerpo en la sombra
cada movimiento de la sinfónica
el oleaje en la playa espuma y rompiente
en la profundidad de qué mar
de qué hondura
papá se iba
en ocasiones
me asomé por la baranda
hice ruido
para traerlo de vuelta.
De ¨El juego que se inicia¨, Ediciones la yunta, 2025
Cosas
El vaso sobre la mesada
Está sin destino. Aguarda la mano, el vino o el agua, la conciencia de la sed o el derroche dorado que le corresponde a la copa. Así nos desconocemos.
El mate y la bombilla
Se achicaron en los últimos tiempos: de comunitarios a solos. Ahora son uno más, ensimismados en lo que no se puede resolver.
La tarde a través de la ventana
Porque hay sol, luce las hendiduras, la mala pintura, el descascaro. Ah, pero no. Esa es la ventana, no la tarde. A la tarde nada la conmueve.
El cenicero de cristal
Rodó y luego a los tumbos quedó con un lado descubierto y herido: de las astillas desparramadas voló lo rancio, con la última vuelta luminosa soltó las palabras que no debieron ser dicha
El papel que brilla como el oro
Está detrás de una tapa. Al libro se lo abre y aparece ese resplandor tan inusual en la literatura seria, un brillo de bola incandescente en noche de baile y tequila y pastillas y cerveza y porro feroz cuando a las horas le sobran los minutos y al día le faltan horas y todo se rompe con todo y cae desmayado en los costados de la vida, en un zanjón de los que bordean la villa o en el asiento acolchado de la camioneta Hilux que acaba de estrellarse contra un árbol. El grito que viene detrás de ese papel se escribe en el blanco y es lo que sucede a ese sol imposible.
En el atardecer, el sauce
Copioso cae sobre sí mismo, mucho más que de día, a pleno sol. Quieto está como la hora. Como el campanario que ya sonó. Y el cielo escondiéndose de los pájaros. De a poco, y sin tristeza, perderá ramas y hojas para ser un dibujo oscuro, una sombra.
Dos párrafos que se perdieron
¿Por un capricho o por destino? ¿La mala inclinación de una tarde, el cansancio o lo superfluo de lo escrito obraron per se? Lo cierto es que ya no están en la página. Antes hubiera sentido pesar, ahora, con los años detrás de las palabras, sé que es justo que desaparezcan. Se defienden.
Nube gris, oscura y acumulada en lo bajo, sauce con viento y sol
De todo como en el paisaje, vivimos en estos días: agrios, rabiosos, a punto de llorar o de comernos a mordiscones estamos. Y tan necesitados. Pero no hay forma, no hay manera de hacernos un corazón. No hay manera.
Hay un viento de locos/ un viento que me lleva/
mujer
sin esperanza
ni redención
Ser eso
nada más:
tierra levantada
en los límites de la vista
Series inéditas
De ¨La sinrazón´´
(Inédito) La Sinrazón
¡Ay, de la Muerte no sé
de qué color va vestida
y no sé si lo sabré!
Nicolás Guillén
I
La sinrazón
llegó un día
y se quedó ama de todas las cosas
mirándonos fijo.
Está desde entonces
debajo de todas las conversaciones
y murmullos
atenta a cada pausa y silencio
al mínimo espacio en donde
pueda asentarse
dispuesta a coronar en bordado simple
o complejo
la desdicha
y si todavía nada ocurre
es porque espera
se desprende
y sobrevuela
silenciosa
en la casa
II
Se anestesia la tarde a veces
una calma densa y suave mueve las hojas
de los paraísos en el patio
en la maceta el gato inmóvil
vigila lo que se desprende del aire
como polen de las flores la tristeza
viene a las sonrisas de los que
sentados en el sillón del living
miran sin mirar los programas de la tele
o apenas hablan los labios secos
no dicen la sinrazón la desdicha
porque se precipitan las ideas
en la honda caja de Pandora
y de ahí hasta cuándo caer
entonces el gato salta
y entra a la casa
III
El calor tórrido preside las conversaciones
la alternancia entre desconsuelo y esperanza
asentado allí el calor en el medio de la sinrazón
pero oscurecido entre puertas y ventanas
no
cesa
porque los rayos igualmente queman – campo abierto el cuerpo-
secan las aguadas los pajonales el monte
cae a pique sol adentro
extendida la figura
de quien a tientas
baja la escalera
pide agua
IV
Larga es la noche
más larga la tarea de no pensar
ni sentir los llamados de músculos
nervios órganos
abandonar la espera
y unido ser
solo un cuerpo
un objeto esa materia
que finalmente
reposa
V
De pronto los ojos
se iluminaron
como antes
Antes es la línea por donde
caminan
la vida los deseos y el desorden
Antes
es una palabra atroz
De ¨Nueva York (no) es para todos¨ (Inédito) Inés Legarreta
I
Los zombies neoyorkinos
No importa si el sofá fue abandonado
en un suburbio de clase media
o al costado de un contenedor
allí se apilan los zombies neoyorkinos
no tienen edad ni cuerpo ni mirada
al aire y en los ojos flamea
el vacío el agujero el hueco fentanilo
y de los colgajos de piel y telas rotas
la mugre
a veces antes de derrumbarse
nombran al dios que los abandonó
crean un desorden de palabras
son los hijos de Babel
hablan desde una lengua antigua
balbucean – niños oscuros-
y se pierden en interjecciones
como marionetas desclavadas
Otras veces ni siquiera eso
la jeringa en los dedos de los pies
la cara pegada al asfalto o metida en el traperío
formas bizarras entre los interminables andamios
pájaros perdidos en ramas negras
cerraduras secretas
de las eternas obras en construcción
de la fascinante metrópolis
Aparecen puntuales
aparecen en los atardeceres
salen (quizás de las alcantarillas o de los sótanos
o del humo o de las escaleras herrumbradas)
duran toda la noche (la luna no los asusta)
¿en algún momento caminan? ¿se mueven? ¿sueñan?
duran
contra sí mismos
caracoles urbanos larvas de células
A la mañana
el sol la luz la policía las ambulancias las sirenas
el ulular
de la ciudad que despierta
los limpia.
II
Las modelos
Salían las manos del vestido quimono
seda en color borravino
los brazos delgadísimos manos pálidas
largas las uñas negras puntos brillantes
y los austeros stilettos de 15 centímetros
incansables las modelos se alzaban para volar
y caer suavemente a tierra
(garzas- grullas - geishas)
volaban caían
caían volaban
sin quejas sin incomodo sin la mínima nota
ante el mal clima los videos caseros las fotos
las risas los cuchicheos la incesante curiosidad
en shorts en remeras en zapatillas de marca
paraguas floridos impermeables de 10 dólares
bajo el puente de Brooklyn
bajo el cielo amenazante
bajo la lluvia cayendo
fuerte copiosa
las modelos no sonreían
no pestañaban no miraban
eran solo una una misma
siempre la misma
¿un concepto?
IV
Los muertos de las tumbas de Trinity Church en Wall Street
Ah qué placer descansar
de las ineludibles decisiones imperiales
de la Nación
para lo cual hicimos nuestra parte
con gran entusiasmo
no exentos de dudas y consideraciones
democráticas
pero sin duda lejos de los extenuantes
vaivenes de los gritos exasperados
de las posibles crisis colectivas
cuando se hundan las acciones y el dólar
y los ladrillos el cemento y el hierro
se hagan volátiles nubes de polvo
materia que se desmorona al paso
de un bimotor o un tornado
ah qué feliz estar
bajo el césped y los canteros de flores
y el piar de los pájaros que buscan refugio
agotados de volar entre las altas
murallas vidriadas que nos hacen sombra
ah qué sabios
haber creído firmemente en el futuro
y esperarlo
desde la placidez de nuestras tumbas.
Este lugar es sagrado.
De ¨Fuimos¨ inédito
“Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar la tarde mansa”
Homero Manzi
La escena: Un hombre y una mujer en sillones enfrentados. Hablan.
Esto sucedió desde la primera vez. Sucede siempre.
La mujer:
I
¿Por qué
al mismo tiempo
traía certeza y desafío?
¿Eran sus manos sus ojos su boca
o los violentos surcos de la piel
morena?
¿Era el lenguaje barroco
opuesto a la lisura del pensamiento?
¿Las cacofonías discursivas
el apelativo fuera de lugar
la sintaxis contrariada?
¿Era la pulsión de lo feo
el desparpajo ante el ridículo
lo salvaje?
Era como un imán.
Esto sucede y sucedió. Todas las veces con aquella mujer.
El hombre:
II
¿Por qué
al mismo tiempo
la mirada firme
pero también el distraerse
o la sonrisa que apenas
cedía al contento
daba miedo y provocaba?
¿O eran la boca los ojos
lo alejado ese silencio
la presencia rotunda de un cuerpo
cuya alma sin embargo parecía vagar
liviana y gentil
como dama en endecasílabos?
Una estrella
y su resplandor
Otra escena. Después del amor: frente al espejo
La mujer
V
¿Él aquel hombre
aquel desconocido
o bárbaro
se asomaba para mirarme
o mirarse?
¿Éramos – quiénes -
los que – extrañados –
ocupábamos el centro del espejo?
Unos ojos una boca
la búsqueda
que no llegaba nunca a saciarse
y la angustia
del vacío
¿Pero
y la placidez de la mano bordeando
el hombro el cuello
en la respiración densa
de la tarde
de un verano que se repite
que se repetirá?
¿Y el lento dejarse dormir?
¿Entonces a cuánto secreto
y olvidado de nosotros
reflejábamos?
El hombre
VI
Ella aquella mujer
en el azogue del espejo
sin moverse sin decir palabra
el cuerpo su materia
las horas
la sensación
de estar preso en el deseo
en la imagen de las formas
su volumen
de costado de perfil de espaldas
entonces la angustia de la asfixia
y la necesidad de respirar
fuera de aquella luna engañosa
entonces el grito
entonces el estertor
y el quiebre en pedazos.
Lo que no sucedió
XI
No caminaron
bajo la sombra de los tilos en verano
ni abrigados y con apuro en invierno
como quien quiere adelantarse
a que sucedan las cosas
no se confundieron en las filas
de los cines los supermercados los recitales
tampoco degustaron con fruición
una copa de vino o el plato de delicias
desvinculados del tiempo y de la continua
circulación de la gente en la calle
no llegaron corriendo a tomar el tren
de las 6 y cuarto o el de las nueve menos veinte
ni al subte en la combinación Catedral
ó Miserere
tampoco hubo esquina paseo repetido
o la excusa de un viaje
nada
que no fuera
el pacto
del encierro.
Otras series:
¨Me enamoré de Don Drapper¨
“Epifanías” Ejercicios sobre versos del poeta Antonio Gamoneda (en proceso de escritura)
ENTREVISTA CON LA AUTORA
Gilgamesh: Inés, a tu poesía la he leído como un artefacto en donde lo cotidiano, «(todas prendas/ de la intimidad)», hace pie en la memoria y en la memoria familiar en particular. ¿Cómo y cuándo empezaste a (des)andar esta práctica, este trabajo escritural?
Inés Legarreta: Mis primeros ocho libros publicados fueron de narrativa: imaginaba escenas, historias, conflictos que naturalmente adquirían la forma de un cuento o de una nouvelle; pensaba la poesía no es para mí, lo mío es la narración. Sin embargo ocurrió lo imponderable. Porque el último libro de esa primera ¨tanda¨ narrativa se originó a partir de la escritura de sueños recurrentes que empecé a tener después de que vendimos la casa paterna. Un tiempo antes habían muerto nuestros padres y nos tocó, a mi hermana y a mí, desocuparla: todo el proceso fue un enorme esfuerzo de pérdida y memoria. De día vaciábamos la casa de objetos; de noche la casa volvía a mí con sus habitantes, con sus voces, un mundo cotidiano y misterioso. ¿Cómo expresar, por ejemplo, la imagen nítida, pero a la vez, desconocida de mi madre mostrándome un anillo perdido en la infancia? ¿Y la sensación de felicidad venida en un sueño como una orquídea azul? La poesía se me impuso, ganó su lugar aun cuando en ¨La imprecisa voz que me sueña¨ muchos de los textos son narrativos. Sucedió también que para esa misma época tuve inconvenientes graves de visión (varias cirugías y tratamientos durante meses y meses) y se me hacía muy difícil leer y escribir: la densidad de un renglón completo y luego otro y otro en hojas y hojas era una tarea casi imposible. Entonces vino la poesía en mi auxilio: la síntesis, la intensidad de la palabra justa, del matiz; los espacios en blanco, la página ligera de signos, fueron, por así decirlo, luz. La poesía, a la que me había negado durante tanto tiempo, vino para salvarme. Así que todavía no sé si fue el cuerpo primero y después el espíritu o viceversa o los dos al mismo tiempo los que me llevaron a la poesía.
Gilgamesh: Tu primera obra editada, «La puntada invisible» es de 2016. ¿Cómo fue llegar al libro en papel? ¿Cómo sigue resonando este poemario en tu obra posterior?
Inés Legarreta: Llegar a ¨La puntada invisible¨ fue inevitable: habiendo escrito casi un centenar de poemas, en determinado momento pensé qué hago con esto y lo di a leer a queridos y admirados poetas amigos (Rubén Reches, Luis Tedesco, Zulma Zubillaga, entre otros) quienes, con gran generosidad, revisaron los poemas y con entusiasmo me instaron a publicarlo. Un dato importante: empiezo a publicar narrativa en 1990 y mi primer libro de poesía es de 2016: un largo camino de espera. Y en cuanto a la resonancia en mi obra posterior, creo que ya están en ese primer libro de poemas los temas que me identifican: los lazos familiares, las relaciones amorosas, el paso del tiempo, la futilidad de algunos de algunas cosas, la importancia de los objetos en nuestra vida, el cuerpo, la muerte. Y el paisaje de la pampa, claro está.
Gilgamesh: De «La puntada invisible» hasta «El juego que se inicia», ¿qué búsquedas, qué métodos de trabajos te planteaste en cada uno de tus poemarios?
Inés Legarreta: En los libros ¨La puntada invisible¨ y ¨El jardín desconocido¨ no hubo un método de trabajo consciente, los poemas ¨aparecían¨ y yo los escribía; luego buscaba la manera de agruparlos, de darles coherencia o cierta continuidad. ¨Una gramática para mis sueños¨, como su nombre lo indica, retoma el camino surrealista de los sueños: los poemas se sucedieron sin solución de continuidad hasta que cumplieron su cometido, darle voz a los soñantes en un país agrietado. Luego publiqué ¨Un abanico que apenas se abre¨- ¨Una luz que no daña ni enceguece¨, son dos nouvelles en un mismo libro en donde los poemas ocupan un lugar importante: en esta mixtura experimenté con la forma del tanka en la primera nouvelle, ya que se desarrollaba en la corte japonesa de la Era Heian (siglos IX y X); una aproximación al mundo oriental que por otro lado, ya había realizado en un libro anterior de cuentos ¨La turbulencia del aire¨. En ¨Un amor doméstico y oscuro¨ se mantiene la temática intimista pero en la segunda parte hay una a apertura al mundo: las grietas, la desunión, la violencia, la idea de patria. Debo decir que en todos estos libros no hubo la idea de sistema o idea generadora a través de la cual los poemas se enlazarían para conformar una unidad; esto surgió claramente en ¨De lejos y de cerca¨ cuando retomé el primitivo y nunca abandonado tema de la casa, como el lugar de origen y fundamento de vida privada y pública. Desde entonces he escrito varias series temáticas que están inéditas y responden a diferentes problemáticas actuales pero tienen en común la idea de un todo, veinte o treinta poemas sobre un mismo tema. Y luego, el último de mis libros publicados ¨El juego que se inicia¨, un híbrido diría yo: textos o poemas que surgieron a partir de cosas, objetos, sensaciones.
Gilgamesh: ¿De qué manera el paisaje familiar y geográfico influyen, influyeron en tu deseo de escritura, en tus herramientas y tus modos de escritura?
Inés Legarreta: El paisaje familiar es la base de mi escritura, las relaciones parentales y de hermanos, el grupo dentro de la sociedad, las voces y las miradas sobre objetos y espacios. Y el paisaje geográfico de la pampa, sin dudarlo, es el telón de fondo, la ambientación y el color local de mi escritura: cielo, eucaliptos, horizonte, alambrados, cardos y aire; la respiración de la pampa, el olor de los pastos y de la tierra.
Gilgamesh: ¿Qué te ocurre cuando «no me visita la gracia»?
Inés Legarreta: ¡Ay, qué feos, qué tristes, qué desolados son los días cuando no me visita la gracia¨! ¡Y me ocurre a menudo, mucho más a menudo de lo que quisiera! Esas mesetas narrativas, son una pesadilla a la que tuve que acostumbrarme, sobre todo después de la publicación de cada libro. Pareciera que hay una nada extendida y yo camino sobre ella esperando ver la luz. Sé que me tengo que tener paciencia, pero nunca puedo sacarme del todo esa sensación desesperante de que ya no volveré a escribir. Precisamente, estoy ahora en uno de esos períodos grises y contestar este reportaje me ayuda a reencontrarme con la palabra. Tengo algunos antídotos eficientes: leer mucho, compartir lecturas y charlas literarias, estudiar idiomas, ver cine y series. Pero nada compensa del todo la falta. Entonces, paradójicamente, siento el peso de una verdad profunda: la palabra escrita es lo que me define.
Gilgamesh: Sos narradora también. ¿Cómo gestionás el ida y vuelta de los géneros (si es que hoy podemos seguir hablando de géneros)? ¿Qué decide y cómo ir de un poema a un cuento, un relato?
Inés Legarreta: Ya he hablado bastante de mi incursión primera en la narrativa y muy a posteriori en la poesía. Todo se desarrolló a su tiempo, como si cada género hubiera ocupado las debidas etapas de maduración. En cuanto a la forma de cada obra – fundamental según mi punto de vista - supe desde los primeros textos que imponer tal o cual forma de antemano es en vano; cada historia, cada cuento, cada nouvelle viene con su forma, con su voz, su punto de vista. Y si no es el que le conviene, el cuento, la nouvelle, el poema, el libro de poemas sale fallido. Suena mal.
Y coincido con vos en que hoy se habla de ¨mestizaje literario¨ o algo por el estilo. Las fronteras entre los géneros se fueron difumando, perdiendo de tal manera que yo misma digo: ¨no sé, son textos¨ cuando me preguntan qué estoy escribiendo. Muchísimo de lo que he escrito y escribo está en una zona indefinida entre narrativa y poesía. No me preocupa en lo más mínimo; eso sí, ¡es bastante complicado mandar a concursos! Me río sola, pero es así.
Gilgamesh: ¿Qué posición tomás, como escritora del interior de la provincia, con respecto a la centralidad, supuesta/asumida/presumida, de la capital de nuestro país?
Inés Legarreta: No hay supuesta centralidad, hay centralidad real de CABA sobre el resto del país. No voy a explicar o discutir las razones históricas, políticas, sociológicas, etc. por lo cual en nuestro país se da esto. Digo que sigue vigente aunque en gran medida el panorama ha cambiado y sigue cambiando. Va hacia una real ¨federalización¨ al mismo tiempo que convivimos con una ¨globalización¨ de la cultura.
Desde el interior del país nos llegan continuamente propuestas y no vienen sólo de lugares ya reconocidos por su historia como Córdoba o Mendoza, por dar un ejemplo, sino de lugares alejados de los grandes centros, ciudades con núcleos poblacionales medianos como Rafaela, tu ciudad, que desde hace años tiene su Festival de Literatura y lo da a conocer. Lo mismo se puede decir de Río Cuarto o Cosquín (por nombrar sólo algunos sitios) en Córdoba; Junín, Pergamino, Chivilcoy, en la Provincia de Buenos Aires, y así podemos nombrar en cada una de las provincias numerosos núcleos generadores de cultura. Y con ello el nacimiento de editoriales chicas independientes, diarios literarios, revistas de difusión . Creo que en esto mucho han tenido que ver las redes sociales, el aislamiento del Covid, lo virtual en general. Quiero decir iniciativas como ¨Gilgamesh¨ en donde poetas de todas las provincias nos encontramos, no hubieran sido posible unas décadas atrás. Y tantos eventos de la misma manera. O sea hay una especie de ¨democratización¨ y difusión de la cultura genuina del interior de nuestro país y también del extranjero que, sin duda, ¨descentraliza¨ a Buenos Aires capital aunque no la desbanca. El tema no es desbancarla sino fortalecer lo propio de cada provincia, ciudad, lugar, espacio. Irradiar desde donde uno está, intercambiar, hacer un ida y vuelta, en lo posible.
En mi caso particular mi vida literaria ha sido pendular. Vivo en Chivilcoy, a 160 km de Buenos Aires de manera que se puede ir y volver en el día. Durante muchos años lo hice: mitad de mi vida literaria en Bs AS, mitad en Chivilcoy; cursos, lecturas, presentaciones, conferencias, encuentros, etc. El Covid nos cambió los hábitos y viajo mucho más espaciado a Buenos Aires aunque mantengo relaciones de amistad y trabajo con muchos poetas y escritores de CABA. Al mismo tiempo tengo una agenda de actividades en Chivilcoy casi todas las semanas.
Gilgamesh: Chivilcoy, tu ciudad, tiene una movida interesante en lo artístico. ¿Cómo vivís, cómo te incorporás, como gestora y/o escritora, a este derrotero?
Inés Legarreta: Como te dije, desde el principio hice un ida y vuelta entre Buenos Aires y Chivilcoy. Al mismo tiempo que en Buenos Aires asistía a talleres literarios de grandes maestros como Isidoro Blaisten, Juan José Hernández y Santiago Kovadloff empecé a dar talleres de escritura y lectura en Chivilcoy. Con la llegada de la democracia en 1983, un amigo, entonces Secretario de Cultura de la Municipalidad de Chivilcoy, me propuso la creación de un taller literario municipal y yo acepté el desafío. Fue el primero en Chivilcoy y aunque luego lo seguí en forma particular lo mantuve por más de diez años. Luego, Hernán Ronsino, Zulma Zubillaga, Griselda Marenda, Raúl Barbalace y yo editamos una revista literaria llamada ¨Fledermaus¨ en las dos versiones, papel y digital. Toda una novedad en aquella época: era trimestral y la mantuvimos durante siete honrosos años. Tuvimos el apoyo y la colaboración de grandes y prestigiosos poetas y narradores de todo el país. Todavía hoy se recuerda a ¨Fledermaus¨ por la calidad de su contenido y edición. Generamos con ¨Fledermaus¨ un concurso literario y un encuentro de escritores, además de publicar a muchos chivilcoyanos junto a autores de todo el país. Y así he continuado andando. Desde hace varios años coordino el grupo de trabajo de literatura de la Sociedad Francesa de Chivilcoy en donde hice a partir de 2018 un ciclo de lectura y difusión de la poesía llamado ¨Palabra Poética¨. ¨Palabra Poética¨ tuvo en 2022 otra versión en el género de las ¨Entrevistas¨ a reconocidos integrantes de la comunidad chivilcoyana como así también a poetas y gestores. Y también creé un podcast en LT Radio Urbana de Chivilcoy llamado ¨Leer es un placer¨ donde leía obras de grandes autores nacionales y universales. En este año 2026 lanzamos el Primer Concurso Provincial de Poesía ¨Sociedad Francesa de Chivilcoy 2026¨: la convocatoria fue un éxito ya que recibimos 600 obras de 200 autores de la provincia de Buenos Aires. Por supuesto, al mismo tiempo, participo de encuentros, lecturas, charlas, presentaciones de libros, festivales de literatura que se hacen en Chivilcoy y CABA.
Gilgamesh: Me gustaría indagar en la biblioteca que fue educación sentimental, sedimento para la futura autora. ¿Qué biblioteca te acompaña hoy? ¿Qué espacio ocupa «Ese gran living/ de la biblioteca»?
Inés Legarreta: Una muy buena pregunta porque hace poco mudé parte de mi biblioteca personal al espacio en donde ahora trabajo, que es mucho más reducido que el estudio anterior. Lo cual me obligó a elegir qué trasladar, cuáles eran los libros imprescindibles para tener a mano, cuáles a los que no podía renunciar. Están Borges, Rulfo, Cortázar, Saer, Estela Barrenechea, Jorge Leonidas Escudero, José Hernández, Vallejo, Marguerite Duras, Sei Shonagon, Sharon Olds, Annie Ernaux, John Cheever, autores japoneses medievales, Maupassant, El Quijote, Lope, los sonetos de Quevedo Y Góngora, Sarmiento, Echeverría, Andrés Rivera, Katherine Mansfield, Flaubert, y muchos poetas y narradores contemporáneos amigos. Están a mi lado, a mano. Como te darás cuento hay narradores y poetas: no puedo renunciar a ninguno de los dos géneros. En la otra biblioteca, en la del estudio en el patio de tierra, hay tantos otros autores y tantas otras autoras que me han formado…tendría que nombrarlos a todos pero es imposible.
Gilgamesh: En este tiempo, en este mundo «de las ineludibles decisiones imperiales/ de la Nación/ para lo cual hicimos nuestra parte/ con gran entusiasmo», ¿qué lugar le corresponde a la poesía, a los poetas? ¿Cómo estás viviendo, sintiendo, leyendo, escribiendo estas derivas coyunturales?
Inés Legarreta: Con pesar, con tristeza, con rabia, con desazón. Pareciera que el mundo va tomando rumbos que creíamos haber dejado atrás, y no. El arte en general y la escritura en particular, son siempre una forma de resistencia, de rebelión, de disconformidad, de elevación por sobre la injusticia y las miserias humanas, aun cuando lo que se muestra sea una rosa o un colibrí que aletea en el marco de una ventana. Hace muchos años, estando fuera del país, tuve esa certeza: en un lugar en donde había carencias de todo tipo pero se había conservado por obra y gracia del destino un piano de cola, sucedió que un anciano se acercó, dijo buenas tardes y empezó a tocar: vi y sentí cómo aquel desconocido se elevaba por sobre su desgracia personal, cuánto estaba resistiendo a la realidad, cuánto seguía en pie a pesar de todo, de qué manera él nos ayudaba a los que lo escuchábamos. Escribo y me doy cuenta de que se parece en mucho a una escena de la película ¨El Pianista¨´, pero lo que yo viví no fue la escena de una película, fue real. Todavía me estremezco. Recuerdo la tarde y el momento como si fuera hoy. Para eso está el arte, la poesía, sobre la tierra.
Gilgamesh: ¿Qué nuevos proyectos te tienen ocupada?
Inés Legarreta: Mmmmm estoy viviendo en una de esas mesetas creativas…es cierto que tengo varias cosas empezadas y dando vueltas…
Leo. Leo a poetas que me interesan y también a los que siento alejados de mí por la forma o el contenido: a veces la ¨gracia¨ viene desde donde menos se la espera.
Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá, también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?
Inés Legarreta: En el gran público está perdida. Verdadero. Busquemos por otro lado. ¿Dónde está la poesía hoy? ¿Hay en mi nieto de ocho años lugar para la poesía? ¿En la niñita de cinco años que se acercó para decirme con gestos que le llamaban la atención mis labios pintados de rojo? En un salón colmado de gente, esta niñita desconocida vino a tirarme de la falda para marcarme eso: un color. Lo viví como un acto poético. Sí, hay lugar. Porque la poesía vive a pesar de nosotros. Ahora si la pregunta apunta a que el gran público la incorpore como lo hacía siglos atrás, bueno no, es imposible. No se puede volver atrás. Aceptémoslo. Y festejemos porque acá y allá, y en donde menos lo esperamos hay un poeta incipiente, una mirada, un verso perfecto.
NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA
Inés Legarreta nació y reside en Chivilcoy, pcia de Bs.As. Tiene 8 libros publicados de narrativa:
“En el bosque”, “Su segundo deseo”, “La Dama habló, “El abrazo que se va”, “Tristeza de verse
lejos” “La turbulencia del aire”, “La imprecisa voz que me sueña” y “Un abanico que apenas se
abre”-“Una luz que no daña ni enceguece”. Tiene 7 poemarios publicados: “La puntada invisible”,
“El jardín desconocido”, “Una gramática para mis sueños”, “Un amor doméstico y oscuro”,
“Sueños y sombras”, “De lejos y de cerca” y ¨El juego que se inicia¨.
Entre los premios recibidos en narrativa se destacan el “Premio Iniciación de la Secretaría de
Cultura de la Nación”, la “Faja de Honor” de la SADE, la Beca Creación del Fondo Nacional de las
Artes, el “Premio Único del Gobierno de la Ciudad” de Bs. As., el “Tercer Premio de Literatura del
Gobierno de la ciudad de Bs. As”, “Medalla de Oro” y “Medalla de Plata” como Mujer Destacada
Bonaerense” otorgadas por el Senado de la Provincia de Bs. As; en dos oportunidades recibió el
“Premio Nacional de “Los Cuentos de La Granja” de Segovia, España, además de ser finalista y
accésit en otras ocasiones.
En poesía recibió el Tercer Premio en el “Primer Concurso Nacional de Poesía Inés Manzano 2022“.
Y el “Segundo Premio de la Fundación Victoria Ocampo”, Menciones de Honor en el Concurso
Nacional “Adolfo Bioy Casares” y en el “Concurso Nacional de la Fundación Argentina para la
Poesía”, entre otros.
Algunos de sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, alemán y francés. Figura en
numerosas antologías de narrativa y poesía.
Coordinó talleres de escritura y lectura. Co-dirigió la revista Literaria Fledermaus. Co-dirigió el ciclo “Narradores Argentinos” en APA (Asociación de Artistas Premiados Argentinos).Coordina el ciclo “Palabra Poética” en la Sociedad Francesa de Chivilcoy desde 2018: encuentros literarios y
entrevistas a narradores y poetas. Creó un podcast literario: ¨Leer es un placer¨ en radio Urbana
Chivilcoy. Es co-coordinadora del Primer Concurso Provincial de Poesía ¨Sociedad Francesa de
Chivilcoy 2026¨.
LIBROS
Narrativa
En el bosque y otros cuentos, GEL, Buenos Aires, 1990.
Su segundo deseo, Emecé, Buenos Aires, 1997.
La Dama habló y otras páginas, Sigmur, Buenos Aires, 2004.
El abrazo que se va, GEL Nuevo Hacer, Buenos Aires, 2008.
Tristeza de verse lejos, GEL Nuevo Hacer, Buenos Aires, 2010.
La turbulencia del aire, GEL Nuevo Hacer, Buenos Aires, 2012.
La imprecisa voz que me sueña, GEL Nuevo Hacer, Buenos Aires, 2014.
Un abanico que apenas se abre- Una luz que no daña ni enceguece, Ruinas Circulares, Buenos
Aires, 2020.
Poesía
La puntada invisible, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2016.
El jardín desconocido, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2018.
Una gramática para mis sueños, Vinciguerra, Buenos Aires, 2018.
Un amor doméstico y oscuro, Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2019.
Un abanico que apenas se abre- Una luz que no daña ni enceguece, Ruinas Circulares, Buenos
Aires, 2020.
Sueños y sombras, Ediciones Arroyo, Arroyo Leyes, Santa Fe, 2021.
De lejos y de cerca, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2023.
El juego que se inicia, Ediciones la yunta, 2025.