miércoles, 10 de junio de 2026


 

GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a ALEJANDRO CROTTO

(Publicado en la página de Facebook el 10 de junio de 2026)


Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Es poeta, traductor, ensayista, profesor.


En la entrevista, Alejandro, dice:


«Amo la poesía, la poesía es para mí lo sagrado, la mejor búsqueda, y trato que eso sea el norte de lo que escribo, de mis clases, y de todo, de mi vida.»


SELECCIÓN DE SU OBRA


De la antología «Qué es el amor», publicada por la editorial Pre-Textos en 2024.


Mediodía


Vi un tábano. Fue así:

había mucho sol y yo estaba en la orilla.


Lo vi, quieto en su piedra. En un momento

alzó unas alas transparentes,

con nervaduras,

y después las bajó.


Detrás se oía el agua yéndose,

la sombra en los cipreses de la cuesta,

y arriba el cielo nuestro, que crujía.



Oración


Danos la paz de tus caballos mojándose en la lluvia.


Tu paz de brasa fija.


Tu paz de siempre dar, tu paz que enhebra.


Tu paz del corazón cuando descubre

que se quiere mejor desde la herida.


Rayo manso de Dios, Cordero, dánosla.



Una historia


Es una vieja historia, y cuando digo vieja

quiero decir nuevísima, quiero decir

que está pasando ahora y esperándome

en todos los rincones del futuro.

Algo se abrió, primero.

Entonces acá estoy, mi cara muda,

como el que va empapándose

de una lluvia invisible.


Afilo mi armadura y mi caballo

para que sean siempre fieles

al corazón que nace si me quito.


A través de los días y mi sangre.

A través de mi sangre,

mis labios y mi lengua.



Otro poema sobre el agua


Llovió, literalmente, más de un millón de años:

las aguas desatadas, podríamos decir.


Es como si una línea que se viene trazando

más o menos derecha en una hoja

de repente se alzara para empezar un círculo

y después se rompiera en muchas líneas

que a su vez hacen círculos, etcétera.


Como gotas de mar y de rocío.


Por eso es que no tengo miedo. O sea,

claro que tengo miedo, pero puedo

enderezarme firme,

un humilde monito,

y esperar.


Mientras pisan el agua con sus botas.


Mientras rompen, gritando, las peceras

porque querían que los peces fueran libres.



Qué es el amor


Supongamos que hay una escalera de oro:

tiene que haber entonces una hormiga

que sonríe y menea la cabeza.


Una gota de sangre cae en un vaso de agua

y mientras va de a poco abriéndose

caen una, dos, tres gotas más.


Algo adentro de algo,

algo al lado de algo,

algo encima de algo, con algo encima.


Lo que es muy grande y a la vez muy chico,

por ejemplo: una hormiga,

una naranja,

la luna.


Una semilla sueña adentro de un melón,

unos ojos abriéndose a unos ojos.


Y el agua se hace vino;

el vino, sangre.


Imaginémonos nosotros, cada cuerpo

y adentro el sol: una escalera de oro.


ENTREVISTA


Gilgamesh: Alejandro, tu poesía y todo tu trabajo intelectual se sostienen en la conciencia de una tradición que siempre tiene algo nuevo que aportar o recordar que la experimentación no es cosa del S.XX y que hay aspectos formales (rima, métrica) que no van a contrapelo (ni son un anacronismo) de lo que se escribe en pleno S.XXI. ¿Cuándo y cómo empieza este recorrido de lector y de poeta?


Alejandro Crotto: Desde que descubrí la poesía entendí que era algo del lenguaje, pero no el lenguaje de siempre, sino otra cosa, otra dimensión. Algo de magia, de cruce con el ritmo. Había toda una tradición para explorar, y me metí con naturalidad. Lo raro, en realidad, es no empezar experimentando así; se me hace incomprensible.


Gilgamesh: ¿Qué de esa tradición que tan bien conocés elegís (o no) poner en funcionamiento u olvidar a la hora de escribir tus poemas?


Alejandro Crotto: Bueno, la tradición no es una caja de herramientas, sino algo más complejo. Me gusta recordar que soy parte de algo que viene desde hace mucho, y eso te acompaña y también te exige, en el mejor sentido. Con respecto a decisiones específicas, desde qué pulso rítmico (de las formas fijas al verso libre) voy a empezar a tratar de empezar a escribir un poema, por ejemplo, depende del poema en concreto y es algo que solo termina de definirse durante la escritura en sí: el tema busca la forma, y a veces la encuentra. Y a veces la forma ayuda a descubrir el tema, también. El año pasado un artículo de Robert Hass sobre la imagen en el haiku japonés se me cruzó con el deseo de escribir sobre la lluvia, y por ese cruce supe que quería que hubiera en el centro del poema un haiku tradicional, que después quedó así: “Ya llueve. Llueve. / ¡No digas nada! Llueve / y llueve y llueve…”. El ¡shhhhh! de la lluvia… Eso es la tradición para mí: si siento la emoción que todos alguna vez sentimos con la lluvia, recordar que eso es una ramita de un tronco común, y si quiero tratar de escribir esa emoción, recordar entonces por ejemplo que existe el haiku, una manera de poesía sobre la capación de la naturaleza, y que esa tradición fue descubierta con admiración por occidente, y divulgada en libros geniales, y que en particular existieron poetas norteamericanos de la costa oeste de Estados Unidos que se fascinaron muy específicamente con eso, y que uno en particular escribió un ensayo muy lindo sobre la imagen, y que yo escribo como una continuación orgánica de todas esas generaciones de sorpresa y amor por el mundo y la poesía…


Gilgamesh: Desde «Abejas» hasta «Quiero», ¿qué búsquedas se sostienen, cuáles fuiste encontrando de un poemario a otro?

.

Alejandro Crotto: Básicamente siempre busco lo mismo. Dar cuenta del mundo tal como se nos ofrece ante un estado particular de la conciencia, de la atención. Que quien lea mis poemas con la entrega suficiente pueda avivar eso en sí. A lo largo de los libros creo que tal vez fui encontrando formas menos inmediatamente miméticas pero más profundamente miméticas, de ir dando cuenta de eso con el lenguaje. Ojalá.


Gilgamesh: ¿Qué rituales propician tu escritura? ¿Tenés obsesiones poéticas?


Alejandro Crotto: Cuando escribo poesía, escribo muy temprano a la mañana, desde un poco antes de que empieza a clarear hasta que el sol tiene una hora o dos de salido. Es excepcional que escriba poesía si no es en ese horario. Si estoy traduciendo o escribiendo ensayo, por lo general puedo hacerlo en cualquier momento del día, aunque esas horas del principio me encantan, siempre. A la noche (que antes, en mis veintes, me encantaba para escribir y para leer) duermo. No tengo obsesiones poéticas así a secas, pero si estoy en estado de escritura, de pronto, durante el día, mientras esté haciendo cualquier cosa que tenga que hacer, de pronto me viene algo y saco una libretita y anotó algo respecto a la traducción que tengo esos días entre manos, cosas así. Y con la poesía es igual, si estoy escribiendo poesía (que no es siempre), más allá del momento de escritura material a la mañana, durante el día me quedo en el poema, y muchas veces de cualquier lado (una conversación casual que escucho en el colectivo) me llega algo que me sirve.


Gilgamesh: ¿Hay un proyecto estético-filosófico que conecte tus escrituras (poética, ensayística) y tu trabajo como profesor?


Alejandro Crotto: Sí, salvo que “proyecto estético-filosófico” me suena medio rimbombante. Amo la poesía, la poesía es para mí lo sagrado, la mejor búsqueda, y trato que eso sea el norte de lo que escribo, de mis clases, y de todo, de mi vida.


Gilgamesh: Bárbara Cassin dice que «si hay Dios, es más bien un Dios traductor». ¿Cómo lo ves en relación a tu trabajo como traductor? ¿Y con tu poesía que tiene a lo sagrado como uno de sus temas centrales?


Alejandro Crotto: La frase atrae porque es paradójica, pero la verdad es que no termino de encontrarle mucho sentido. Si hay Dios, es casi por definición un creador ex-nihilo, no lo veo muy traductor. Salvo en el sentido de que su creación se parece a Él. Ahí sí. Y en ese sentido da una pista entonces también sobre cómo escribir sobre lo sagrado: desde lo sagrado nuestro, o sea: lo impersonal.



Gilgamesh: Siguiendo con tu trabajo de traducción, ¿por qué Dante hoy? ¿Qué otras escrituras te gustaría traer a nuestra lengua?


Alejandro Crotto: Traduje el «Infierno» porque Dante es el mejor poeta del mundo, y porque se me ocurrió una forma nueva de traducirlo, que me pareció que podía quedar buena. Me gustaría traducir mil cosas. Una: «Romeo y Julieta», de Shakespeare. No es tan poderosa teatralmente como «Macbeth», o tan abismal como «Hamlet», pero tiene una especie de joven delicadeza artística que me encantaría compartir, que quedara una vez más dicha en castellano en una traducción acompañada de un breve ensayo.


Gilgamesh: ¿Cómo nacen los diecisiete ensayos de «Los porqués de la rosa»? Son textos en los que la precisión del estudioso y la sensibilidad del poeta están en ese equilibrio que muchos buscamos en la poesía: que se conjugue lo intelectual con la emoción. ¿Qué pensás al respecto?


Alejandro Crotto: Fueron naciendo a lo largo de los años. En la introducción llamo al libro “la bitácora de una devoción”. Es justo, al menos como intención. Lo que sí, no soy una persona particularmente estudiosa. Quiero decir, soy Licenciado en Letras, sí, pero no seguí después la carrera académica. Las materias que enseño en la universidad son materias-taller, con el acento puesto en la práctica de la poesía y la práctica de la traducción de poesía.


Gilgamesh: Dirigiste «Hablar de Poesía» desde 2017 hasta 2024. ¿Qué dejó en tus alforjas esta experiencia de difusión y reflexión poética?


Alejandro Crotto: Una experiencia extraordinaria. No se me ocurre nada mejor para alguien que quiera escribir poesía que participar activamente de una revista de poesía. Son tantas cosas las que aprendí (por ejemplo, el ensayo al que me referí de Robert Hass lo publicamos en el número 49, en agosto de 2024: lo trajo Nahuel Lardies como propuesta, y lo tradujo admirablemente Josefina Morley), son tantas las personas geniales que conocí, y en muchos casos después siguió la amistad. En estos días estoy proponiéndoles a algunas personas si quieren empezar a juntarse los lunes a armar una nueva revista de poesía. Extraño mucho hacerlo.


Gilgamesh: Me gustaría conocer cómo fue el proceso de escritura de «Final», a cuatro manos.


Alejandro Crotto: Ese libro lo que escribí con mi hermano Marcos, también escritor y también hincha de River. La cosa fue así. En la famosa final de la Libertadores entre River y Boca, Marcos –ahora sale un nuevo libro de cuentos suyos en la editorial Beatriz Viterbo- fue como infiltrado a la cancha de Boca para escribir una crónica que le había encargado una revista mexicana. Yo había organizado para fin de año un viaje a Europa (Barcelona, Madrid, París) con mi hija mayor, que cumplía 15 años el 8 de diciembre de 2018. Había sacado los pasajes en mayo, etc. Y el segundo partido de la final se terminó jugando en Madrid justo cuando estábamos ahí. Fuimos a la cancha, ella era la primera vez que iba. Y después mi hermano me dijo que teníamos que escribir juntos una crónica sobre esa final, con la presencia de uno de nosotros en la cancha en cada partido. Un libro donde aparecieran varias cosas: el vínculo de los hermanos que habían sido fanáticos en la adolescencia, la ciudad de Buenos Aires en noviembre. Un capítulo cada uno. Así lo hicimos. Él me ayudó mucho con mis partes, por suerte. Está publicado por la editorial Ninguna orilla. Es un libro distinto a los míos, pero le tengo un cariño muy especial. El capítulo 10 lo escribí en verso, con la estrofa del Martín Fierro: “Aquí me pongo a cantar / en estos días extraños /porque no habrá ni en mil años / una final más peluda. / Días de espera y de duda / de ilusión y desengaños…”


Gilgamesh: ¿Qué nuevas escrituras te están convocando?


Alejandro Crotto: Estoy escribiendo un libro de ensayos más largos que los de «Los porqués de la rosa». Serán cuatro ensayos de unas 50 páginas cada uno. Los temas son ambiciosos: Dante, Ovidio, San Francisco, unos pasajes del Evangelio de Juan. Y cuando escribo poemas los guardo en una carpeta que se llama “Conozco esta canción”, que me encanta de título para un futuro libro de poemas. Ahora me invitaron a hablar de “Borges poeta” en un homenaje por los cuarenta años de su muerte, así que específicamente esta mañana estuve trabajando en eso: una comparación entre el poema “Un soldado de Urbina” y “La lluvia”.


Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá,
también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?


Alejandro Crotto: Dos cosas se me ocurren. Una es que la canción, que es evidentemente una forma de poesía, tiene mucha llegada. Yo diría que es el género dominante, más que la novela o el cuento o el teatro. Pero es verdad que es un tipo de poesía muy específicamente lírica, y que hay una zona de la poesía, incluso dentro de la poesía lírica, que es la más exigente, la que le exige todo al lector para desplegase, que se ha transformado en algo de nicho. Es una pena porque hay algo ahí decisivo. Y no es casual, claro. Nuestra capacidad de atención está siendo sistemáticamente destruida. Habría que organizar una revolución. Y mientras tanto estar muy atento a combatir en uno esa ofensiva lobotomizante.



NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA


Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Publicó los libros «Abejas» (2009), «Chesterton» (2013), «Once personas» (2015), «Francisco –un monólogo dramático» (2017) y «Quiero» (2023). Publicó también una traducción anotada del «Infierno» de Dante Alighieri (2020), la crónica «Final» (2022), escrita con su hermano Marcos Crotto, el libro de ensayos «Los porqués de la rosa» (2024) y una antología de su poesía bajo el título «Qué es el amor» (2024). Dirigió la revista «Hablar de Poesía» desde su número 36 (agosto 2017) hasta su último número, el número 50 (diciembre 2024). Enseña poesía y traducción de poesía en la UBA y en la UNA.




miércoles, 27 de mayo de 2026


 GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a MARIO NOSOTTI

(Publicado en la página de Facebook el 27 de mayo de 2026)

Mario Nosotti nació en Buenos Aires en 1966. Es poeta, crítico y ensayista.

En la entrevista, Mario, dice:

«Yo creo que el poeta no puede sustraerse a lo que pasa, que más allá de su estética, actúa siempre como antena del mundo. La sensibilidad se forja en el arrojo a la experiencia, y esta no necesariamente tiene que ser heroica o excepcional, puede ser la de alguien que apenas si salió de su casa, pero de algún modo las cosas llegan, y estar abierto, permeable a eso es algo imprescindible.»

« La poesía se defiende sola, o como dijo alguien, la poesía no se vende.»


SELECCIÓN DE SU OBRA


de «PARTO MULAR» (1998)


ES UN IMPACTO oscuro
casi ruina del holgado mantel.
Lo vegetal afuera en algún lado.
El cuarto que se inunda con el polvo
solar. La mañana es lugar que busca
y me dice sentáte, escribí.
Una chapa ventana mitad óxido
y mitad puntos negros de soldadura
el marco con bisagras para ver
caracteres mecánicos de un libro:
bastardos del pensar que somos
los hijos no buscados de algún modo
son lo que más deseamos.
Pero yo no quería perderme
más allá de la dura
persistencia del acto
leer por levantar una mirada
y ver esos contornos de sombra sacudirse
o vibrar.
De pronto siento que algo me acompaña,
la soltura del agua en los reflejos
por el piso engomado. Se oyen rumores
lejos. Casi todos trabajan,
hasta los otros pájaros que cantan,
recordando que apenas soy un punto
de la línea que sigue.

A SANGRE FRÍA

Es un trazo que apenas reconozco,
la madera olorosa ahogada de calor.
Me pregunto si habrá alguien en casa,
la sangre está por todas partes,
manchando los arbustos, tiñendo de morado
el bebedero, la escalera de lajas
que sube hasta la casa.
No exageró el cronista cuando dijo:
"la casa sangra entera en el sol del verano,
el perro yace quieto,
en un charco rojizo".

Por lo demás no hay voces.
Sólo rumor de insectos entre matas
a punto de incendiarse.

Esta casa ya no me pertenece,
me iré antes de que lleguen los dueños.
Recuerdo lo brutal de los vecinos
de esta zona de granjas.
Terminan con la vida ajena sin ningún aviso.

PARTO MULAR

El rasgo del ganado.
se compone con trazos indecisos
Su faena es un lamido oscuro
encuentros viscerales donde la mano
entra ceñida de ceguera
hasta tocar el borde del rocío.

Sin remilgos, el tuerto sobre el heno,
aún se tambalea,
envuelto con la manta placentaria
de su edredón marino.

Cada pequeño vaso, succiona un latiguillo,
y el ojo saca fuerzas de su propio derrame,
porque no tiene el gesto del
lamido, esa base de lija,
desde donde lanzarse. Alguien,
la romperá de afuera sin embargo
e inundará la nieve su pequeño ofertorio.

Sale a un siglo de moscas, huele el aire
de jugos y llovizna; el pasto poco a poco
lo encamina por la puerta indeleble.

de «EL PROCESO DE FOTOGRAFIAR» (2014)

XIII

Sacude el bosque
una tormenta
como una bolsa.
Las piñas caen
desde alturas enormes
y podrían matarme
si me dan en el mate.
Hay ese fondo negro
y un oleaje de ramas
como haluros de plata que se están revelando.
Igual como lo vi en una película
Sukurov o Tarkovsky
ya no puedo acordarme.
La barbarie del aire y de la luz
cerrábanse en lo oscuro donde tiemblan
ínfimas letras blancas.

XVI

Veo esa foto de Picasso del ‘44
de pie en su habitación revuelta,
con el torso desnudo como un viejo
boxeador retirado,
se ajusta el pantalón
y mira hacia el fotógrafo como
increpando "¿qué querés?"
Se ve al fondo un baúl
atiborrado de libros y pinceles
también hay ropa, papeles, nada

que en su actitud denote un más allá,
algún aura de artista.
No se nota muy bien si está descalzo
o si tiene pantuflas, y mirando mejor
parece que sonríe, descreyendo.
Podría ser Picasso
si no fuese mi abuelo.

de «EL PASO DE LAS NUBES» (2014)

Este pliegue de nubes se sumó
al ámbito impasible del que vuelve
pensando más allá.
Un movimiento oscuro pero leve
atraviesa la seda que protege
su deber de decir. El mensaje se mece
en una repentina más cierta
razón fundamental.
Tronco hueco y sombrero
mirada transeúnte o más bien
la cabeza hasta el mismo vacío,
hasta al fin alcanzarlo, depositándolo.

La quietud en el hondo
batir de la emergencia. El lazo
que hace el polvo.
La emergencia del polvo
que vendría a ser yo.

VUELVO AL CAMPO DE DAR y corto
los larguísimos tallos de amapola.
Un evento se abre y vuela raudo
y su pregunta no lo sobrevive.

Me duermo sobre el tedio
de ese campo de acciones que incansables
invitan a participar.

El embrutecimiento aflora
camposanto de nichos renovables
trapitos veleidosos implorando
una remarca urgente de singularidad

Vuelvo al lecho profundo
donde los pies descansan.

En esa incertidumbre audible demorada
la brisa bate palmas con el pulso preciso
de un director de fuerzas cuyo
vaivén sufrimos
cuya intención desconocemos


de «LA CASA DE LA PLAYA» (2018)

LLEGUÉ A LA MADRUGADA. La casa estaba fría
y dormí en la cocina. Tiré el colchón,
puse dos o tres mantas y prendí los mecheros.
Me quedé hasta muy tarde imaginando la
futura oscuridad, siguiendo su contorno.
Aunque los vidrios estaban empañados
supe que afuera helaba y bajo las estrellas
duras y relucientes, estaba yo.
Recién llego y ya empiezo a leer, sentirme
solo. No es la prueba, la que hago, ante al paisaje,
el hábito del monje quiero desarmar.
El teléfono suena en medio de la noche:
"hiciste bien en irte".
Trato de ver su cara, entender lo que había,
detrás de mí ignorada decisión.

JUNIO

Me voy por unos días. A buscarlos.
Es un celo constante guardar
ese poco de sol en un pequeño espejo.
Voy a desenrollar mi indecisión en el silencio.
Calles de tierra, mate y animales.
Un ritmo imaginario. Real que se me imponga.
Líbrame en este día de tener que elegir.



Poco después se encuentra en el tembladeral
del tiempo libre. Se deja suceder.
La mirada atraviesa los exvotos leñosos
de una forma tronchada. De lo que fue la huerta
flamean unos trapos, atados a las cañas.
Un pájaro en la viga va desnudando el grano
golpea la piedrita
y pudo ser el ruido donde alguien te llamaba
en el sueño de la noche anterior.

Acá no llegan cartas, no hay señal.
Entre los pinos sube el humo blanco
de los que cuecen algo.

FEBRERO

Azul como la tapa de este libro
mi batalla se salda bajo un cielo inmóvil.
A ras del suelo veo las butacas de un cine,
los diversos zapatos, y en el fondo
la luz del mar, la playa establecida.
Cuento con el esmero inclaudicable
de un artesano inmenso. Vean esos parajes,
las olas reventando contra un viento torcido,
y a un costado el imperio de los espectadores,
su esfuerzo en modelar el tronco que se pudre.


de «DOS POEMAS INCONCLUSOS» (2021)

Recupero una historia
que es tan mía que no me pertenece.
Si recordara todo
haría más grande el círculo de ausencia
la mentira sería algo definitivo

una estepa boreal donde los comensales
hacen la sobremesa en mangas
de camisa las mujeres con vestidos livianos
como si no advirtieran el fulgor de la nieve
y rieran contando “chistes verdes”
repitiendo otro plato de comida
otro vaso de vino
mientras yo los escucho en la pieza contigua

la oscuridad filtrada
zarandeada en las piedras de viento
el rumor de unas aspas que me alejan del duelo

y un avión de madera que construí yo mismo
con tablas y una silla que había en el galpón
se eleva sobre el campo
atraviesa la escuela
donde los chicos forman bajo un cielo
a punto de explotar entre
fríos relámpagos cruzo los mares
llego hasta los países que los libros contaban
ciudades europeas donde pasó la guerra.


de «A PESAR DE LOS DÍAS» (inédito)

*
Como cajones de un almacén saqueado. Así siento mi alma este invierno de 2023.
Alguien sabe por qué. Y no sé dónde está ni lo que piensa. La imagen es de Shklovski.
La usa para escribir las dachas tendidas de costado. Una vez que regresó a Finlandia.
Sus palabras imprimen un acento extranjero. Hacen ser de otra parte. A su propio
capricho me moldean un cuerpo. Y vacían de toda virtud.

*
Un pintor que quería ser poeta. Y viceversa. Un poeta que. Alguien sueña la palabra
SARDINAS. El otro escribe cosas sobre el color naranja. Hay letras sueltas vagos
designios. La verdad es un hilo escurridizo. Asoma por abajo del zapato. Desde mayo
mi corazón está frenado. Roto. Miro por la ventana sentado en un café. Frases para
Galletas de la fortuna. Un poema de O’Hara.

*
En la mesa alargada del café del poema anterior. La pared de cristal que da al parque
detrás de la avenida. A dos metros de mí alguien se sienta en la banqueta. Revuelve la
mochila y se instala en su máquina. Hay una oscura desconfianza en el ambiente
acogedor. Dos chicas de tupida cabellera charlan y se sonríen. Alguien dice mi nombre.
Me levanto a buscar la taza de café. Esquivando las mesas ocupadas. En el local de al
lado reparan bicicletas. Este podría ser un bar de bicicletas. Una junto a la otra.
Haciendo lo posible por no herirse. Y por no interferir.

ENTREVISTA

Gilgamesh: Mario, «en lo oscuro donde tiemblan/ ínfimas letras blancas» leo el paisaje de climas intimistas, de un retraerse y expandirse donde palpitan y «se escriben», desde un umbral, «Parto Mular», «El proceso de fotografiar», «La casa de la playa», «Dos poemas inconclusos». ¿Cómo empieza este derrotero poético? ¿Recordás el momento en que sentiste que por ahí tenía que ir tu historia? ¿Y ese primer poema?

Mario Nosotti: La reiteración, los pocos elementos, algo que se retrae y a continuación se expande, eso, y a la vez esa idea de inscripción, son cuestiones que veo me acompañan desde el primer libro. Para serte sincero me cuesta ver continuidades en mi forma de escribir, creo que la voz muta de un proyecto a otro, porque así concibo mis libros, como motivos donde algo busca expandirse, desarrollarse.
No creo que haya habido un momento en que haya dicho, “es por ahí”. Pero en ese primer poema de «Parto mular» (que comienza diciendo, “las horas que se pierden se pierden”) hoy leo la semilla de un camino que se fue bifurcando.

Gilgamesh: ¿Cómo nace un poema? Cuando aparece, ¿está, en ese primer texto, el horizonte del libro? De un proyecto escritural a otro, ¿qué búsquedas insisten, qué nuevos desafíos (re)aparecen? Voy a jugar con tus versos: ¿es la mañana lugar que dice «sentáte, escribí»? ¿Cuáles son tus rituales, si los hay, cuando la escritura «te llama»?

Mario Nosotti: Yo me siento a escribir. Aunque no tenga nada que decir. Me siento y busco, o espero. Como quien abre una ventana. A veces (muchas) no aparece nada, o aparecen naderías. Pero habilito un estado de apertura, de búsqueda de algo (todavía difuso, indefinido). No te digo que a veces un poema no surja en un momento inesperado, en la calle, al oír algo, en un sueño, pero en general me tengo que sentar. El poema aparece en general con la primera línea, hasta entonces puede haber una idea, una imagen, algo que uno percibe, pero el salto a la formulación escrita, que es nada más y nada menos que la creación, es como un salto cuántico. Para un poeta en el lenguaje se define todo, por más que como dice Juan L., y como yo pienso, la poesía está en todas partes, presente, informulada.
Yo escribo casi siempre de mañana, pocas veces pude aprovechar la noche. Soy un poeta diurno, y solar, aunque a veces mi poesía sea sombría.

Gilgamesh: Quisiera detenerme en tus ensayos «La casa de los pájaros -notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz» y «La música vendrá», una biografía de Edgar Bayley. ¿Cómo fue tu relación con estos poetas para ir tan lejos y a fondo? ¿Qué de esas poéticas se cruzan con tu manera de vivir la poesía? ¿Cuál ha sido la recepción que ambos textos tuvieron en el campo académico y en los lectores "de a pie"?

Mario Nosotti: Fueron dos experiencias distintas y profundas, lecturas fundacionales de mis veinte, veinte y pico, que me acompañan hasta ahora a veces de forma explícita y otras de forma subterránea pero que siempre están ahí. En ambos poetas, a pesar de las diferencias estéticas y de temperamento, encuentro una concepción de la poesía y el trabajo del poeta que compromete la vida entera, donde la relación con la palabra es consecuencia de una apertura y de un ser afectado por algo que se encuentra en lo inmediato, en la experiencia diaria de lo humano. Esa aspiración a atrapar o recrear algo de lo real, esa especie de sed, y esa actitud de asombro y de íntima celebración de lo vital, que incluye también las sombras, las adversidades, son algo que todavía me conmueve. Y también me conmueve en ambos esa especie de estoicismo, de autonomía y persistencia. Porque a pesar de que ambos fueron parte de distintas sociabilidades y fueron reconocidos como maestros, nunca se doblegaron a ninguna moda, siempre siguieron el camino salvaje de su intuición.
La recepción de los dos libros fue hermosa, inesperada, tanto a nivel de las lecturas críticas (varias notas, reseñas, entrevistas) como de las devoluciones de desconocidos, de lectores como bien decís, “de a pie”, que aún me siguen llegando y que valoro mucho porque en general están hechas desde la simple alegría de que alguien se ocupe de ese autor que en algún momento los conmovió. En otros casos el agradecimiento viene de la gente joven que conocía poco o apenas había oído hablar de esos nombres. Pensá que hasta hace unos años en nuestro país las biografías de escritores, especialmente de poetas, eran una rareza.

Gilgamesh: ¿Cómo definirías a la biblioteca o a las bibliotecas que estuvieron y están acompañando tu trabajo de poeta, de ensayista, de profesor, de editor? La pregunta imposible para mí, la dejo en tu cancha: ¿que llevarías a la isla desierta o rescatarías del incendio o la inundación?

Mario Nosotti: La biblioteca que fui construyendo tiene varias vertientes. La poesía ocupa un lugar importante, pero también la filosofía y el ensayo (especialmente literario) que disfruto mucho. Tuve mis épocas de enganche con la filosofía del budismo zen. Soy lector de novelas, de clásicos y actuales, aunque no estoy para nada al día con los nuevos autores. Me atrae particularmente la cultura y la literatura brasileña, desde muy joven. Mi casa está llena de libros y siempre estoy leyendo varios a la vez.

Gilgamesh: Sos un estudioso y un conocedor de la tradición literaria. ¿Cómo ubicarías tu obra en ella? ¿Qué tradiciones te llevaron a la escritura? ¿Qué nuevas o viejas tradiciones ves pulsando en los jóvenes y no tan jóvenes poetas que están publicando?

Mario Nosotti: No me considero un estudioso, no tengo método ni disciplina. Yo me formé con el Diario de Poesía, con los fascículos de Centro Editor de América Latina, en los años en que en forma desordenada e intermitente cursé Letras en Puan. Esas fueron mis plataformas y desde ahí exploré y profundicé en lo que me interesaba. Si tuviera que dibujar la estela pretenciosa, esquemática e imaginaria de alguna tradición, (ignoro si se refleja o no en lo que escribo), sería: Mallarmé, Lezama, Juanele y Arturo Carrera … ese caminito. Y entre los poetas argentinos que siento me formaron, Calveyra, Madariaga, Viel Temperley, Giannuzzi, y más acá mis contemporáneos Roxana Páez y Mario Arteca, entre otros, claro.

Gilgamesh: Me gustaría conocer la historia «íntima» y las derivas poético-editoriales de la Colección de Poesía Argentina Estaciones de Miño & Dávila. Y claro, los nuevos títulos que nos esperan.

Mario Nosotti: En 2022 Carlos Battilana, amigo de la poesía y poeta que aprecio, me propuso sumarme como codirector a una propuesta de la editorial Miño y Dávila (mayormente dedicada a las ciencias sociales, el ensayo y la filosofía) que quería tener en su catálogo una colección de poesía argentina. Después de varias charlas e intercambios nos pareció importante que la Colección tuviese un sesgo particular, algo que la identifique. Decidimos apostar por voces que se diferenciaran de lo que más circulaba, poéticas de algún modo descentradas de cierto consenso (algo siempre subjetivo y cambiante, por otro lado). Así, ambos coincidimos con el primer nombre: Mario Arteca. Siguieron luego Roxana Páez, Teresa Arijón, Mónica Sifrim, Ariel Williams y Osvaldo Aguirre. Cada nombre surge luego de varias idas y vueltas con Carlos, ya que si bien coincidimos en muchas cuestiones también tenemos lecturas y miradas diferentes, lo cual es finalmente muy enriquecedor. Él me propuso nombres que yo no tenía en mi radar, como Ariel Williams u Osvaldo Aguirre, y lo mismo hice yo con poetas como Roxana Páez o Mónica Sifrim. Los libros se dividen en tres partes, un estudio introductorio, una selección de los distintos libros publicados por el autor (con material inédito muchas veces) y una entrevista final, que suele ser muy iluminadora y entretenida. Poco a poco se ha ido armando una especie de familia, de recorrido a partir de cierto horizonte de sensibilidad, determinado en parte por la capacidad de asumir riesgos, de adentrarse y sostener un camino personal. En general, son obras de poetas que ya tienen un largo recorrido y sin embargo circulaban hasta hace poco por cierta periferia, o cuyos libros no se conseguían, así que la colección intenta también una relectura y una valorización. Cada título está a cargo de un especialista, críticos y poetas que hacen la selección y el prólogo, como Valeria Melchiorre, Marcelo Díaz o Jorge Monteleone, que en muchos casos también se han encargado de las entrevistas. La Colección Estaciones ha sido muy bien recibida, estamos muy contentos con eso, lo que no quiere decir que sea fácil sostenerla dados los tiempos que vivimos. En estos días sale el séptimo libro, y pronto nos gustaría juntar a todos los poetas publicados en una gran lectura coral.

Gilgamesh: ¿Cambia la poesía dependiendo de las plataformas y los formatos en los que se edita y se difunde? ¿Sos un nostálgico del libro en papel, de las lecturas en la intimidad, del lápiz para los subrayados y notas al pie o al costado dejando las huellas de la relectura?

Mario Nosotti: A mí me gusta la lectura en papel, en silencio, con tiempo para demorarme, para ir y volver. Y sí, leo marcando y subrayando. Soy en ese sentido bastante anacrónico. Obviamente leo poemas en las redes, y sigo publicaciones digitales de crítica y poesía (con muchas de las cuales colaboro) como Otra Parte, El Diletante, Op. Cit, Agencia Paco Urondo, La Agenda, etc

Gilgamesh: ¿Qué te lleva a editar «Música Rara-poesía & aledaños»? ¿Qué rarezas te siguen acompañando y cuáles hicieron huella en tu producción poética, de editor y de crítico catedrático?

Mario Nosotti: Música Rara –poesía & aledaños-, fue un ciclo de lecturas (iniciado en los noventa en un aula de la calle Puan, donde leyeron a oscuras, ayudados por una linternitas, Diana Bellesi, Reynaldo Jiménez y Roxana Páez), luego una plaquette de crítica y poesía que entre los años 2004 y 2006 editó seis números, con un diseño muy particular, y que se exhibía y vendía en kioscos y librerías de Buenos Aires, y finalmente un blog en el que hasta hoy subo materiales diversos: poemas de poetas que aprecio y que me envían sus libros, reseñas y notas que hago para distintos medios, y algunas lecturas y curiosidades con las que me encuentro. Hace dos años la publicación en papel fue digitalizada e incorporada al Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA) donde se pueden consultar todos los números https://ahira.com.ar/revistas/musica-rara-poesia-y-aledanos/
La revista intentaba poner a circular poetas un poco excéntricos, poetas jóvenes, material inédito, lecturas y autores olvidados, y otras cuestiones en donde lo poético aparecía más como una dimensión de potencial energético y de descubrimiento que un género y una práctica literaria. Me encantaba hacer esa revista.

Gilgmesh: ¿«La belleza del mundo es sin consuelo»? ¿Cómo atravesás, cómo vivís este momento de crueldad, de genocidios recurrentes? ¿Qué respuestas puede o tiene que dar un poeta, un artista, la poesía, el arte ante estas tragedias que se generan desde los centros de poder hegemónicos-criminales? ¿Podés escindir vida/obra como autor y como lector?

Mario Nosotti: Bayley hablaba mucho de la difícil esperanza, de sumergirse entero en esa realidad de sombra y maravilla, de dolor y de descubrimiento. Yo creo que el poeta no puede sustraerse a lo que pasa, que más allá de su estética, actúa siempre como antena del mundo. La sensibilidad se forja en el arrojo a la experiencia, y esta no necesariamente tiene que ser heroica o excepcional, puede ser la de alguien que apenas si salió de su casa, pero de algún modo las cosas llegan, y estar abierto, permeable a eso es algo imprescindible. Estamos en un momento en donde la crueldad, la indiferencia, la impunidad del poder están al descubierto, exhibidas sin disimulo. ¿Cómo se vive esto? Cada uno encontrará sus formas de acción o no acción, pero para alguien que escribe me parece deseable mantener una actitud crítica, y a la vez ser fiel a sí mismo, asumir el riesgo que conlleva construirse trabajando el resquicio, a veces mínimo, de todo lo que para bien o para mal nos determina.

Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá, también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?

Mario Nosotti: Yo confío en el poder de la poesía. Quizás parezca ingenuo, pero creo que aun en su aparente ajenidad, en su actual manifiesta endogamia, es capaz de sostener una capacidad de desvío, de llegar de formas a veces subterráneas, impensadas, en el momento y del modo menos esperado, a una persona cualquiera, y su poder es tal que, aunque sea por unos instantes, le cambia la vida. Creo en ese poder sutil, a veces microscópico de conmover, de hacernos ver las cosas desde un lugar nuevo, de aniquilar jerarquías. Dicho esto, hay que seguir reinventándose, buscando nuevas formas de hacer comunidad, de dar a conocer a los poetas que nos salvan la vida más allá de los pequeños círculos, de hacerlos parte –como querían las vanguardias- de nuestro día a día, pero no para salvar a la poesía sino por nosotros. La poesía se defiende sola, o como dijo alguien, la poesía no se vende.

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA

Mario Nosotti. Es poeta, crítico y ensayista. Nació en Buenos Aires en 1966. Editó la revista de poesía «Música Rara». Obtuvo la beca Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2014 y 2021. Publicó libros de poesía: «Parto Mular» (Ed. Último Reino, 1998), «El proceso de fotografiar» (Viajera editorial, 2014), «La casa de la playa» (Club Hem de., 2018), «Dos poemas inconclusos» (Caleta Olivia, 2020) y próximo a editarse «A pesar de los días»; el libro de notas críticas «Sombras bajo la lámpara de aceite»(Borde Perdido, 2020); el ensayo biográfico «La casa de los pájaros. Notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz» (Universidad Nacional del Litoral, 2021) y recientemente, «La música vendrá», una biografía del poeta Edgar Bayley editada por Gog&Magog. En 2023 apareció en España «El paso de unas nubes» (Ed. Liliputienses), antología de su obra poética con selección y prólogo de Mercedes Roffé. Es parte del equipo docente de la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero. Codirige la Colección «Estaciones de Poesía Argentina» (Miño & Dávila). Como periodista cultural colabora con distintos medios de Argentina y el exterior. Lleva adelante el blog de crítica y poesía «Música Rara».

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