miércoles, 27 de mayo de 2026


 GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a MARIO NOSOTTI

(Publicado en la página de Facebook el 27 de mayo de 2026)

Mario Nosotti nació en Buenos Aires en 1966. Es poeta, crítico y ensayista.

En la entrevista, Mario, dice:

«Yo creo que el poeta no puede sustraerse a lo que pasa, que más allá de su estética, actúa siempre como antena del mundo. La sensibilidad se forja en el arrojo a la experiencia, y esta no necesariamente tiene que ser heroica o excepcional, puede ser la de alguien que apenas si salió de su casa, pero de algún modo las cosas llegan, y estar abierto, permeable a eso es algo imprescindible.»

« La poesía se defiende sola, o como dijo alguien, la poesía no se vende.»


SELECCIÓN DE SU OBRA


de «PARTO MULAR» (1998)


ES UN IMPACTO oscuro
casi ruina del holgado mantel.
Lo vegetal afuera en algún lado.
El cuarto que se inunda con el polvo
solar. La mañana es lugar que busca
y me dice sentáte, escribí.
Una chapa ventana mitad óxido
y mitad puntos negros de soldadura
el marco con bisagras para ver
caracteres mecánicos de un libro:
bastardos del pensar que somos
los hijos no buscados de algún modo
son lo que más deseamos.
Pero yo no quería perderme
más allá de la dura
persistencia del acto
leer por levantar una mirada
y ver esos contornos de sombra sacudirse
o vibrar.
De pronto siento que algo me acompaña,
la soltura del agua en los reflejos
por el piso engomado. Se oyen rumores
lejos. Casi todos trabajan,
hasta los otros pájaros que cantan,
recordando que apenas soy un punto
de la línea que sigue.

A SANGRE FRÍA

Es un trazo que apenas reconozco,
la madera olorosa ahogada de calor.
Me pregunto si habrá alguien en casa,
la sangre está por todas partes,
manchando los arbustos, tiñendo de morado
el bebedero, la escalera de lajas
que sube hasta la casa.
No exageró el cronista cuando dijo:
"la casa sangra entera en el sol del verano,
el perro yace quieto,
en un charco rojizo".

Por lo demás no hay voces.
Sólo rumor de insectos entre matas
a punto de incendiarse.

Esta casa ya no me pertenece,
me iré antes de que lleguen los dueños.
Recuerdo lo brutal de los vecinos
de esta zona de granjas.
Terminan con la vida ajena sin ningún aviso.

PARTO MULAR

El rasgo del ganado.
se compone con trazos indecisos
Su faena es un lamido oscuro
encuentros viscerales donde la mano
entra ceñida de ceguera
hasta tocar el borde del rocío.

Sin remilgos, el tuerto sobre el heno,
aún se tambalea,
envuelto con la manta placentaria
de su edredón marino.

Cada pequeño vaso, succiona un latiguillo,
y el ojo saca fuerzas de su propio derrame,
porque no tiene el gesto del
lamido, esa base de lija,
desde donde lanzarse. Alguien,
la romperá de afuera sin embargo
e inundará la nieve su pequeño ofertorio.

Sale a un siglo de moscas, huele el aire
de jugos y llovizna; el pasto poco a poco
lo encamina por la puerta indeleble.

de «EL PROCESO DE FOTOGRAFIAR» (2014)

XIII

Sacude el bosque
una tormenta
como una bolsa.
Las piñas caen
desde alturas enormes
y podrían matarme
si me dan en el mate.
Hay ese fondo negro
y un oleaje de ramas
como haluros de plata que se están revelando.
Igual como lo vi en una película
Sukurov o Tarkovsky
ya no puedo acordarme.
La barbarie del aire y de la luz
cerrábanse en lo oscuro donde tiemblan
ínfimas letras blancas.

XVI

Veo esa foto de Picasso del ‘44
de pie en su habitación revuelta,
con el torso desnudo como un viejo
boxeador retirado,
se ajusta el pantalón
y mira hacia el fotógrafo como
increpando "¿qué querés?"
Se ve al fondo un baúl
atiborrado de libros y pinceles
también hay ropa, papeles, nada

que en su actitud denote un más allá,
algún aura de artista.
No se nota muy bien si está descalzo
o si tiene pantuflas, y mirando mejor
parece que sonríe, descreyendo.
Podría ser Picasso
si no fuese mi abuelo.

de «EL PASO DE LAS NUBES» (2014)

Este pliegue de nubes se sumó
al ámbito impasible del que vuelve
pensando más allá.
Un movimiento oscuro pero leve
atraviesa la seda que protege
su deber de decir. El mensaje se mece
en una repentina más cierta
razón fundamental.
Tronco hueco y sombrero
mirada transeúnte o más bien
la cabeza hasta el mismo vacío,
hasta al fin alcanzarlo, depositándolo.

La quietud en el hondo
batir de la emergencia. El lazo
que hace el polvo.
La emergencia del polvo
que vendría a ser yo.

VUELVO AL CAMPO DE DAR y corto
los larguísimos tallos de amapola.
Un evento se abre y vuela raudo
y su pregunta no lo sobrevive.

Me duermo sobre el tedio
de ese campo de acciones que incansables
invitan a participar.

El embrutecimiento aflora
camposanto de nichos renovables
trapitos veleidosos implorando
una remarca urgente de singularidad

Vuelvo al lecho profundo
donde los pies descansan.

En esa incertidumbre audible demorada
la brisa bate palmas con el pulso preciso
de un director de fuerzas cuyo
vaivén sufrimos
cuya intención desconocemos


de «LA CASA DE LA PLAYA» (2018)

LLEGUÉ A LA MADRUGADA. La casa estaba fría
y dormí en la cocina. Tiré el colchón,
puse dos o tres mantas y prendí los mecheros.
Me quedé hasta muy tarde imaginando la
futura oscuridad, siguiendo su contorno.
Aunque los vidrios estaban empañados
supe que afuera helaba y bajo las estrellas
duras y relucientes, estaba yo.
Recién llego y ya empiezo a leer, sentirme
solo. No es la prueba, la que hago, ante al paisaje,
el hábito del monje quiero desarmar.
El teléfono suena en medio de la noche:
"hiciste bien en irte".
Trato de ver su cara, entender lo que había,
detrás de mí ignorada decisión.

JUNIO

Me voy por unos días. A buscarlos.
Es un celo constante guardar
ese poco de sol en un pequeño espejo.
Voy a desenrollar mi indecisión en el silencio.
Calles de tierra, mate y animales.
Un ritmo imaginario. Real que se me imponga.
Líbrame en este día de tener que elegir.



Poco después se encuentra en el tembladeral
del tiempo libre. Se deja suceder.
La mirada atraviesa los exvotos leñosos
de una forma tronchada. De lo que fue la huerta
flamean unos trapos, atados a las cañas.
Un pájaro en la viga va desnudando el grano
golpea la piedrita
y pudo ser el ruido donde alguien te llamaba
en el sueño de la noche anterior.

Acá no llegan cartas, no hay señal.
Entre los pinos sube el humo blanco
de los que cuecen algo.

FEBRERO

Azul como la tapa de este libro
mi batalla se salda bajo un cielo inmóvil.
A ras del suelo veo las butacas de un cine,
los diversos zapatos, y en el fondo
la luz del mar, la playa establecida.
Cuento con el esmero inclaudicable
de un artesano inmenso. Vean esos parajes,
las olas reventando contra un viento torcido,
y a un costado el imperio de los espectadores,
su esfuerzo en modelar el tronco que se pudre.


de «DOS POEMAS INCONCLUSOS» (2021)

Recupero una historia
que es tan mía que no me pertenece.
Si recordara todo
haría más grande el círculo de ausencia
la mentira sería algo definitivo

una estepa boreal donde los comensales
hacen la sobremesa en mangas
de camisa las mujeres con vestidos livianos
como si no advirtieran el fulgor de la nieve
y rieran contando “chistes verdes”
repitiendo otro plato de comida
otro vaso de vino
mientras yo los escucho en la pieza contigua

la oscuridad filtrada
zarandeada en las piedras de viento
el rumor de unas aspas que me alejan del duelo

y un avión de madera que construí yo mismo
con tablas y una silla que había en el galpón
se eleva sobre el campo
atraviesa la escuela
donde los chicos forman bajo un cielo
a punto de explotar entre
fríos relámpagos cruzo los mares
llego hasta los países que los libros contaban
ciudades europeas donde pasó la guerra.


de «A PESAR DE LOS DÍAS» (inédito)

*
Como cajones de un almacén saqueado. Así siento mi alma este invierno de 2023.
Alguien sabe por qué. Y no sé dónde está ni lo que piensa. La imagen es de Shklovski.
La usa para escribir las dachas tendidas de costado. Una vez que regresó a Finlandia.
Sus palabras imprimen un acento extranjero. Hacen ser de otra parte. A su propio
capricho me moldean un cuerpo. Y vacían de toda virtud.

*
Un pintor que quería ser poeta. Y viceversa. Un poeta que. Alguien sueña la palabra
SARDINAS. El otro escribe cosas sobre el color naranja. Hay letras sueltas vagos
designios. La verdad es un hilo escurridizo. Asoma por abajo del zapato. Desde mayo
mi corazón está frenado. Roto. Miro por la ventana sentado en un café. Frases para
Galletas de la fortuna. Un poema de O’Hara.

*
En la mesa alargada del café del poema anterior. La pared de cristal que da al parque
detrás de la avenida. A dos metros de mí alguien se sienta en la banqueta. Revuelve la
mochila y se instala en su máquina. Hay una oscura desconfianza en el ambiente
acogedor. Dos chicas de tupida cabellera charlan y se sonríen. Alguien dice mi nombre.
Me levanto a buscar la taza de café. Esquivando las mesas ocupadas. En el local de al
lado reparan bicicletas. Este podría ser un bar de bicicletas. Una junto a la otra.
Haciendo lo posible por no herirse. Y por no interferir.

ENTREVISTA

Gilgamesh: Mario, «en lo oscuro donde tiemblan/ ínfimas letras blancas» leo el paisaje de climas intimistas, de un retraerse y expandirse donde palpitan y «se escriben», desde un umbral, «Parto Mular», «El proceso de fotografiar», «La casa de la playa», «Dos poemas inconclusos». ¿Cómo empieza este derrotero poético? ¿Recordás el momento en que sentiste que por ahí tenía que ir tu historia? ¿Y ese primer poema?

Mario Nosotti: La reiteración, los pocos elementos, algo que se retrae y a continuación se expande, eso, y a la vez esa idea de inscripción, son cuestiones que veo me acompañan desde el primer libro. Para serte sincero me cuesta ver continuidades en mi forma de escribir, creo que la voz muta de un proyecto a otro, porque así concibo mis libros, como motivos donde algo busca expandirse, desarrollarse.
No creo que haya habido un momento en que haya dicho, “es por ahí”. Pero en ese primer poema de «Parto mular» (que comienza diciendo, “las horas que se pierden se pierden”) hoy leo la semilla de un camino que se fue bifurcando.

Gilgamesh: ¿Cómo nace un poema? Cuando aparece, ¿está, en ese primer texto, el horizonte del libro? De un proyecto escritural a otro, ¿qué búsquedas insisten, qué nuevos desafíos (re)aparecen? Voy a jugar con tus versos: ¿es la mañana lugar que dice «sentáte, escribí»? ¿Cuáles son tus rituales, si los hay, cuando la escritura «te llama»?

Mario Nosotti: Yo me siento a escribir. Aunque no tenga nada que decir. Me siento y busco, o espero. Como quien abre una ventana. A veces (muchas) no aparece nada, o aparecen naderías. Pero habilito un estado de apertura, de búsqueda de algo (todavía difuso, indefinido). No te digo que a veces un poema no surja en un momento inesperado, en la calle, al oír algo, en un sueño, pero en general me tengo que sentar. El poema aparece en general con la primera línea, hasta entonces puede haber una idea, una imagen, algo que uno percibe, pero el salto a la formulación escrita, que es nada más y nada menos que la creación, es como un salto cuántico. Para un poeta en el lenguaje se define todo, por más que como dice Juan L., y como yo pienso, la poesía está en todas partes, presente, informulada.
Yo escribo casi siempre de mañana, pocas veces pude aprovechar la noche. Soy un poeta diurno, y solar, aunque a veces mi poesía sea sombría.

Gilgamesh: Quisiera detenerme en tus ensayos «La casa de los pájaros -notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz» y «La música vendrá», una biografía de Edgar Bayley. ¿Cómo fue tu relación con estos poetas para ir tan lejos y a fondo? ¿Qué de esas poéticas se cruzan con tu manera de vivir la poesía? ¿Cuál ha sido la recepción que ambos textos tuvieron en el campo académico y en los lectores "de a pie"?

Mario Nosotti: Fueron dos experiencias distintas y profundas, lecturas fundacionales de mis veinte, veinte y pico, que me acompañan hasta ahora a veces de forma explícita y otras de forma subterránea pero que siempre están ahí. En ambos poetas, a pesar de las diferencias estéticas y de temperamento, encuentro una concepción de la poesía y el trabajo del poeta que compromete la vida entera, donde la relación con la palabra es consecuencia de una apertura y de un ser afectado por algo que se encuentra en lo inmediato, en la experiencia diaria de lo humano. Esa aspiración a atrapar o recrear algo de lo real, esa especie de sed, y esa actitud de asombro y de íntima celebración de lo vital, que incluye también las sombras, las adversidades, son algo que todavía me conmueve. Y también me conmueve en ambos esa especie de estoicismo, de autonomía y persistencia. Porque a pesar de que ambos fueron parte de distintas sociabilidades y fueron reconocidos como maestros, nunca se doblegaron a ninguna moda, siempre siguieron el camino salvaje de su intuición.
La recepción de los dos libros fue hermosa, inesperada, tanto a nivel de las lecturas críticas (varias notas, reseñas, entrevistas) como de las devoluciones de desconocidos, de lectores como bien decís, “de a pie”, que aún me siguen llegando y que valoro mucho porque en general están hechas desde la simple alegría de que alguien se ocupe de ese autor que en algún momento los conmovió. En otros casos el agradecimiento viene de la gente joven que conocía poco o apenas había oído hablar de esos nombres. Pensá que hasta hace unos años en nuestro país las biografías de escritores, especialmente de poetas, eran una rareza.

Gilgamesh: ¿Cómo definirías a la biblioteca o a las bibliotecas que estuvieron y están acompañando tu trabajo de poeta, de ensayista, de profesor, de editor? La pregunta imposible para mí, la dejo en tu cancha: ¿que llevarías a la isla desierta o rescatarías del incendio o la inundación?

Mario Nosotti: La biblioteca que fui construyendo tiene varias vertientes. La poesía ocupa un lugar importante, pero también la filosofía y el ensayo (especialmente literario) que disfruto mucho. Tuve mis épocas de enganche con la filosofía del budismo zen. Soy lector de novelas, de clásicos y actuales, aunque no estoy para nada al día con los nuevos autores. Me atrae particularmente la cultura y la literatura brasileña, desde muy joven. Mi casa está llena de libros y siempre estoy leyendo varios a la vez.

Gilgamesh: Sos un estudioso y un conocedor de la tradición literaria. ¿Cómo ubicarías tu obra en ella? ¿Qué tradiciones te llevaron a la escritura? ¿Qué nuevas o viejas tradiciones ves pulsando en los jóvenes y no tan jóvenes poetas que están publicando?

Mario Nosotti: No me considero un estudioso, no tengo método ni disciplina. Yo me formé con el Diario de Poesía, con los fascículos de Centro Editor de América Latina, en los años en que en forma desordenada e intermitente cursé Letras en Puan. Esas fueron mis plataformas y desde ahí exploré y profundicé en lo que me interesaba. Si tuviera que dibujar la estela pretenciosa, esquemática e imaginaria de alguna tradición, (ignoro si se refleja o no en lo que escribo), sería: Mallarmé, Lezama, Juanele y Arturo Carrera … ese caminito. Y entre los poetas argentinos que siento me formaron, Calveyra, Madariaga, Viel Temperley, Giannuzzi, y más acá mis contemporáneos Roxana Páez y Mario Arteca, entre otros, claro.

Gilgamesh: Me gustaría conocer la historia «íntima» y las derivas poético-editoriales de la Colección de Poesía Argentina Estaciones de Miño & Dávila. Y claro, los nuevos títulos que nos esperan.

Mario Nosotti: En 2022 Carlos Battilana, amigo de la poesía y poeta que aprecio, me propuso sumarme como codirector a una propuesta de la editorial Miño y Dávila (mayormente dedicada a las ciencias sociales, el ensayo y la filosofía) que quería tener en su catálogo una colección de poesía argentina. Después de varias charlas e intercambios nos pareció importante que la Colección tuviese un sesgo particular, algo que la identifique. Decidimos apostar por voces que se diferenciaran de lo que más circulaba, poéticas de algún modo descentradas de cierto consenso (algo siempre subjetivo y cambiante, por otro lado). Así, ambos coincidimos con el primer nombre: Mario Arteca. Siguieron luego Roxana Páez, Teresa Arijón, Mónica Sifrim, Ariel Williams y Osvaldo Aguirre. Cada nombre surge luego de varias idas y vueltas con Carlos, ya que si bien coincidimos en muchas cuestiones también tenemos lecturas y miradas diferentes, lo cual es finalmente muy enriquecedor. Él me propuso nombres que yo no tenía en mi radar, como Ariel Williams u Osvaldo Aguirre, y lo mismo hice yo con poetas como Roxana Páez o Mónica Sifrim. Los libros se dividen en tres partes, un estudio introductorio, una selección de los distintos libros publicados por el autor (con material inédito muchas veces) y una entrevista final, que suele ser muy iluminadora y entretenida. Poco a poco se ha ido armando una especie de familia, de recorrido a partir de cierto horizonte de sensibilidad, determinado en parte por la capacidad de asumir riesgos, de adentrarse y sostener un camino personal. En general, son obras de poetas que ya tienen un largo recorrido y sin embargo circulaban hasta hace poco por cierta periferia, o cuyos libros no se conseguían, así que la colección intenta también una relectura y una valorización. Cada título está a cargo de un especialista, críticos y poetas que hacen la selección y el prólogo, como Valeria Melchiorre, Marcelo Díaz o Jorge Monteleone, que en muchos casos también se han encargado de las entrevistas. La Colección Estaciones ha sido muy bien recibida, estamos muy contentos con eso, lo que no quiere decir que sea fácil sostenerla dados los tiempos que vivimos. En estos días sale el séptimo libro, y pronto nos gustaría juntar a todos los poetas publicados en una gran lectura coral.

Gilgamesh: ¿Cambia la poesía dependiendo de las plataformas y los formatos en los que se edita y se difunde? ¿Sos un nostálgico del libro en papel, de las lecturas en la intimidad, del lápiz para los subrayados y notas al pie o al costado dejando las huellas de la relectura?

Mario Nosotti: A mí me gusta la lectura en papel, en silencio, con tiempo para demorarme, para ir y volver. Y sí, leo marcando y subrayando. Soy en ese sentido bastante anacrónico. Obviamente leo poemas en las redes, y sigo publicaciones digitales de crítica y poesía (con muchas de las cuales colaboro) como Otra Parte, El Diletante, Op. Cit, Agencia Paco Urondo, La Agenda, etc

Gilgamesh: ¿Qué te lleva a editar «Música Rara-poesía & aledaños»? ¿Qué rarezas te siguen acompañando y cuáles hicieron huella en tu producción poética, de editor y de crítico catedrático?

Mario Nosotti: Música Rara –poesía & aledaños-, fue un ciclo de lecturas (iniciado en los noventa en un aula de la calle Puan, donde leyeron a oscuras, ayudados por una linternitas, Diana Bellesi, Reynaldo Jiménez y Roxana Páez), luego una plaquette de crítica y poesía que entre los años 2004 y 2006 editó seis números, con un diseño muy particular, y que se exhibía y vendía en kioscos y librerías de Buenos Aires, y finalmente un blog en el que hasta hoy subo materiales diversos: poemas de poetas que aprecio y que me envían sus libros, reseñas y notas que hago para distintos medios, y algunas lecturas y curiosidades con las que me encuentro. Hace dos años la publicación en papel fue digitalizada e incorporada al Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA) donde se pueden consultar todos los números https://ahira.com.ar/revistas/musica-rara-poesia-y-aledanos/
La revista intentaba poner a circular poetas un poco excéntricos, poetas jóvenes, material inédito, lecturas y autores olvidados, y otras cuestiones en donde lo poético aparecía más como una dimensión de potencial energético y de descubrimiento que un género y una práctica literaria. Me encantaba hacer esa revista.

Gilgmesh: ¿«La belleza del mundo es sin consuelo»? ¿Cómo atravesás, cómo vivís este momento de crueldad, de genocidios recurrentes? ¿Qué respuestas puede o tiene que dar un poeta, un artista, la poesía, el arte ante estas tragedias que se generan desde los centros de poder hegemónicos-criminales? ¿Podés escindir vida/obra como autor y como lector?

Mario Nosotti: Bayley hablaba mucho de la difícil esperanza, de sumergirse entero en esa realidad de sombra y maravilla, de dolor y de descubrimiento. Yo creo que el poeta no puede sustraerse a lo que pasa, que más allá de su estética, actúa siempre como antena del mundo. La sensibilidad se forja en el arrojo a la experiencia, y esta no necesariamente tiene que ser heroica o excepcional, puede ser la de alguien que apenas si salió de su casa, pero de algún modo las cosas llegan, y estar abierto, permeable a eso es algo imprescindible. Estamos en un momento en donde la crueldad, la indiferencia, la impunidad del poder están al descubierto, exhibidas sin disimulo. ¿Cómo se vive esto? Cada uno encontrará sus formas de acción o no acción, pero para alguien que escribe me parece deseable mantener una actitud crítica, y a la vez ser fiel a sí mismo, asumir el riesgo que conlleva construirse trabajando el resquicio, a veces mínimo, de todo lo que para bien o para mal nos determina.

Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá, también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?

Mario Nosotti: Yo confío en el poder de la poesía. Quizás parezca ingenuo, pero creo que aun en su aparente ajenidad, en su actual manifiesta endogamia, es capaz de sostener una capacidad de desvío, de llegar de formas a veces subterráneas, impensadas, en el momento y del modo menos esperado, a una persona cualquiera, y su poder es tal que, aunque sea por unos instantes, le cambia la vida. Creo en ese poder sutil, a veces microscópico de conmover, de hacernos ver las cosas desde un lugar nuevo, de aniquilar jerarquías. Dicho esto, hay que seguir reinventándose, buscando nuevas formas de hacer comunidad, de dar a conocer a los poetas que nos salvan la vida más allá de los pequeños círculos, de hacerlos parte –como querían las vanguardias- de nuestro día a día, pero no para salvar a la poesía sino por nosotros. La poesía se defiende sola, o como dijo alguien, la poesía no se vende.

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA

Mario Nosotti. Es poeta, crítico y ensayista. Nació en Buenos Aires en 1966. Editó la revista de poesía «Música Rara». Obtuvo la beca Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2014 y 2021. Publicó libros de poesía: «Parto Mular» (Ed. Último Reino, 1998), «El proceso de fotografiar» (Viajera editorial, 2014), «La casa de la playa» (Club Hem de., 2018), «Dos poemas inconclusos» (Caleta Olivia, 2020) y próximo a editarse «A pesar de los días»; el libro de notas críticas «Sombras bajo la lámpara de aceite»(Borde Perdido, 2020); el ensayo biográfico «La casa de los pájaros. Notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz» (Universidad Nacional del Litoral, 2021) y recientemente, «La música vendrá», una biografía del poeta Edgar Bayley editada por Gog&Magog. En 2023 apareció en España «El paso de unas nubes» (Ed. Liliputienses), antología de su obra poética con selección y prólogo de Mercedes Roffé. Es parte del equipo docente de la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero. Codirige la Colección «Estaciones de Poesía Argentina» (Miño & Dávila). Como periodista cultural colabora con distintos medios de Argentina y el exterior. Lleva adelante el blog de crítica y poesía «Música Rara».

  GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a MARIO NOSOTTI (Publicado en la página de Facebook el 27 de mayo de 2026) Mario Nosotti nació en Bu...