miércoles, 10 de junio de 2026


 

GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a ALEJANDRO CROTTO

(Publicado en la página de Facebook el 10 de junio de 2026)


Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Es poeta, traductor, ensayista, profesor.


En la entrevista, Alejandro, dice:


«Amo la poesía, la poesía es para mí lo sagrado, la mejor búsqueda, y trato que eso sea el norte de lo que escribo, de mis clases, y de todo, de mi vida.»


SELECCIÓN DE SU OBRA


De la antología «Qué es el amor», publicada por la editorial Pre-Textos en 2024.


Mediodía


Vi un tábano. Fue así:

había mucho sol y yo estaba en la orilla.


Lo vi, quieto en su piedra. En un momento

alzó unas alas transparentes,

con nervaduras,

y después las bajó.


Detrás se oía el agua yéndose,

la sombra en los cipreses de la cuesta,

y arriba el cielo nuestro, que crujía.



Oración


Danos la paz de tus caballos mojándose en la lluvia.


Tu paz de brasa fija.


Tu paz de siempre dar, tu paz que enhebra.


Tu paz del corazón cuando descubre

que se quiere mejor desde la herida.


Rayo manso de Dios, Cordero, dánosla.



Una historia


Es una vieja historia, y cuando digo vieja

quiero decir nuevísima, quiero decir

que está pasando ahora y esperándome

en todos los rincones del futuro.

Algo se abrió, primero.

Entonces acá estoy, mi cara muda,

como el que va empapándose

de una lluvia invisible.


Afilo mi armadura y mi caballo

para que sean siempre fieles

al corazón que nace si me quito.


A través de los días y mi sangre.

A través de mi sangre,

mis labios y mi lengua.



Otro poema sobre el agua


Llovió, literalmente, más de un millón de años:

las aguas desatadas, podríamos decir.


Es como si una línea que se viene trazando

más o menos derecha en una hoja

de repente se alzara para empezar un círculo

y después se rompiera en muchas líneas

que a su vez hacen círculos, etcétera.


Como gotas de mar y de rocío.


Por eso es que no tengo miedo. O sea,

claro que tengo miedo, pero puedo

enderezarme firme,

un humilde monito,

y esperar.


Mientras pisan el agua con sus botas.


Mientras rompen, gritando, las peceras

porque querían que los peces fueran libres.



Qué es el amor


Supongamos que hay una escalera de oro:

tiene que haber entonces una hormiga

que sonríe y menea la cabeza.


Una gota de sangre cae en un vaso de agua

y mientras va de a poco abriéndose

caen una, dos, tres gotas más.


Algo adentro de algo,

algo al lado de algo,

algo encima de algo, con algo encima.


Lo que es muy grande y a la vez muy chico,

por ejemplo: una hormiga,

una naranja,

la luna.


Una semilla sueña adentro de un melón,

unos ojos abriéndose a unos ojos.


Y el agua se hace vino;

el vino, sangre.


Imaginémonos nosotros, cada cuerpo

y adentro el sol: una escalera de oro.


ENTREVISTA


Gilgamesh: Alejandro, tu poesía y todo tu trabajo intelectual se sostienen en la conciencia de una tradición que siempre tiene algo nuevo que aportar o recordar que la experimentación no es cosa del S.XX y que hay aspectos formales (rima, métrica) que no van a contrapelo (ni son un anacronismo) de lo que se escribe en pleno S.XXI. ¿Cuándo y cómo empieza este recorrido de lector y de poeta?


Alejandro Crotto: Desde que descubrí la poesía entendí que era algo del lenguaje, pero no el lenguaje de siempre, sino otra cosa, otra dimensión. Algo de magia, de cruce con el ritmo. Había toda una tradición para explorar, y me metí con naturalidad. Lo raro, en realidad, es no empezar experimentando así; se me hace incomprensible.


Gilgamesh: ¿Qué de esa tradición que tan bien conocés elegís (o no) poner en funcionamiento u olvidar a la hora de escribir tus poemas?


Alejandro Crotto: Bueno, la tradición no es una caja de herramientas, sino algo más complejo. Me gusta recordar que soy parte de algo que viene desde hace mucho, y eso te acompaña y también te exige, en el mejor sentido. Con respecto a decisiones específicas, desde qué pulso rítmico (de las formas fijas al verso libre) voy a empezar a tratar de empezar a escribir un poema, por ejemplo, depende del poema en concreto y es algo que solo termina de definirse durante la escritura en sí: el tema busca la forma, y a veces la encuentra. Y a veces la forma ayuda a descubrir el tema, también. El año pasado un artículo de Robert Hass sobre la imagen en el haiku japonés se me cruzó con el deseo de escribir sobre la lluvia, y por ese cruce supe que quería que hubiera en el centro del poema un haiku tradicional, que después quedó así: “Ya llueve. Llueve. / ¡No digas nada! Llueve / y llueve y llueve…”. El ¡shhhhh! de la lluvia… Eso es la tradición para mí: si siento la emoción que todos alguna vez sentimos con la lluvia, recordar que eso es una ramita de un tronco común, y si quiero tratar de escribir esa emoción, recordar entonces por ejemplo que existe el haiku, una manera de poesía sobre la capación de la naturaleza, y que esa tradición fue descubierta con admiración por occidente, y divulgada en libros geniales, y que en particular existieron poetas norteamericanos de la costa oeste de Estados Unidos que se fascinaron muy específicamente con eso, y que uno en particular escribió un ensayo muy lindo sobre la imagen, y que yo escribo como una continuación orgánica de todas esas generaciones de sorpresa y amor por el mundo y la poesía…


Gilgamesh: Desde «Abejas» hasta «Quiero», ¿qué búsquedas se sostienen, cuáles fuiste encontrando de un poemario a otro?

.

Alejandro Crotto: Básicamente siempre busco lo mismo. Dar cuenta del mundo tal como se nos ofrece ante un estado particular de la conciencia, de la atención. Que quien lea mis poemas con la entrega suficiente pueda avivar eso en sí. A lo largo de los libros creo que tal vez fui encontrando formas menos inmediatamente miméticas pero más profundamente miméticas, de ir dando cuenta de eso con el lenguaje. Ojalá.


Gilgamesh: ¿Qué rituales propician tu escritura? ¿Tenés obsesiones poéticas?


Alejandro Crotto: Cuando escribo poesía, escribo muy temprano a la mañana, desde un poco antes de que empieza a clarear hasta que el sol tiene una hora o dos de salido. Es excepcional que escriba poesía si no es en ese horario. Si estoy traduciendo o escribiendo ensayo, por lo general puedo hacerlo en cualquier momento del día, aunque esas horas del principio me encantan, siempre. A la noche (que antes, en mis veintes, me encantaba para escribir y para leer) duermo. No tengo obsesiones poéticas así a secas, pero si estoy en estado de escritura, de pronto, durante el día, mientras esté haciendo cualquier cosa que tenga que hacer, de pronto me viene algo y saco una libretita y anotó algo respecto a la traducción que tengo esos días entre manos, cosas así. Y con la poesía es igual, si estoy escribiendo poesía (que no es siempre), más allá del momento de escritura material a la mañana, durante el día me quedo en el poema, y muchas veces de cualquier lado (una conversación casual que escucho en el colectivo) me llega algo que me sirve.


Gilgamesh: ¿Hay un proyecto estético-filosófico que conecte tus escrituras (poética, ensayística) y tu trabajo como profesor?


Alejandro Crotto: Sí, salvo que “proyecto estético-filosófico” me suena medio rimbombante. Amo la poesía, la poesía es para mí lo sagrado, la mejor búsqueda, y trato que eso sea el norte de lo que escribo, de mis clases, y de todo, de mi vida.


Gilgamesh: Bárbara Cassin dice que «si hay Dios, es más bien un Dios traductor». ¿Cómo lo ves en relación a tu trabajo como traductor? ¿Y con tu poesía que tiene a lo sagrado como uno de sus temas centrales?


Alejandro Crotto: La frase atrae porque es paradójica, pero la verdad es que no termino de encontrarle mucho sentido. Si hay Dios, es casi por definición un creador ex-nihilo, no lo veo muy traductor. Salvo en el sentido de que su creación se parece a Él. Ahí sí. Y en ese sentido da una pista entonces también sobre cómo escribir sobre lo sagrado: desde lo sagrado nuestro, o sea: lo impersonal.



Gilgamesh: Siguiendo con tu trabajo de traducción, ¿por qué Dante hoy? ¿Qué otras escrituras te gustaría traer a nuestra lengua?


Alejandro Crotto: Traduje el «Infierno» porque Dante es el mejor poeta del mundo, y porque se me ocurrió una forma nueva de traducirlo, que me pareció que podía quedar buena. Me gustaría traducir mil cosas. Una: «Romeo y Julieta», de Shakespeare. No es tan poderosa teatralmente como «Macbeth», o tan abismal como «Hamlet», pero tiene una especie de joven delicadeza artística que me encantaría compartir, que quedara una vez más dicha en castellano en una traducción acompañada de un breve ensayo.


Gilgamesh: ¿Cómo nacen los diecisiete ensayos de «Los porqués de la rosa»? Son textos en los que la precisión del estudioso y la sensibilidad del poeta están en ese equilibrio que muchos buscamos en la poesía: que se conjugue lo intelectual con la emoción. ¿Qué pensás al respecto?


Alejandro Crotto: Fueron naciendo a lo largo de los años. En la introducción llamo al libro “la bitácora de una devoción”. Es justo, al menos como intención. Lo que sí, no soy una persona particularmente estudiosa. Quiero decir, soy Licenciado en Letras, sí, pero no seguí después la carrera académica. Las materias que enseño en la universidad son materias-taller, con el acento puesto en la práctica de la poesía y la práctica de la traducción de poesía.


Gilgamesh: Dirigiste «Hablar de Poesía» desde 2017 hasta 2024. ¿Qué dejó en tus alforjas esta experiencia de difusión y reflexión poética?


Alejandro Crotto: Una experiencia extraordinaria. No se me ocurre nada mejor para alguien que quiera escribir poesía que participar activamente de una revista de poesía. Son tantas cosas las que aprendí (por ejemplo, el ensayo al que me referí de Robert Hass lo publicamos en el número 49, en agosto de 2024: lo trajo Nahuel Lardies como propuesta, y lo tradujo admirablemente Josefina Morley), son tantas las personas geniales que conocí, y en muchos casos después siguió la amistad. En estos días estoy proponiéndoles a algunas personas si quieren empezar a juntarse los lunes a armar una nueva revista de poesía. Extraño mucho hacerlo.


Gilgamesh: Me gustaría conocer cómo fue el proceso de escritura de «Final», a cuatro manos.


Alejandro Crotto: Ese libro lo que escribí con mi hermano Marcos, también escritor y también hincha de River. La cosa fue así. En la famosa final de la Libertadores entre River y Boca, Marcos –ahora sale un nuevo libro de cuentos suyos en la editorial Beatriz Viterbo- fue como infiltrado a la cancha de Boca para escribir una crónica que le había encargado una revista mexicana. Yo había organizado para fin de año un viaje a Europa (Barcelona, Madrid, París) con mi hija mayor, que cumplía 15 años el 8 de diciembre de 2018. Había sacado los pasajes en mayo, etc. Y el segundo partido de la final se terminó jugando en Madrid justo cuando estábamos ahí. Fuimos a la cancha, ella era la primera vez que iba. Y después mi hermano me dijo que teníamos que escribir juntos una crónica sobre esa final, con la presencia de uno de nosotros en la cancha en cada partido. Un libro donde aparecieran varias cosas: el vínculo de los hermanos que habían sido fanáticos en la adolescencia, la ciudad de Buenos Aires en noviembre. Un capítulo cada uno. Así lo hicimos. Él me ayudó mucho con mis partes, por suerte. Está publicado por la editorial Ninguna orilla. Es un libro distinto a los míos, pero le tengo un cariño muy especial. El capítulo 10 lo escribí en verso, con la estrofa del Martín Fierro: “Aquí me pongo a cantar / en estos días extraños /porque no habrá ni en mil años / una final más peluda. / Días de espera y de duda / de ilusión y desengaños…”


Gilgamesh: ¿Qué nuevas escrituras te están convocando?


Alejandro Crotto: Estoy escribiendo un libro de ensayos más largos que los de «Los porqués de la rosa». Serán cuatro ensayos de unas 50 páginas cada uno. Los temas son ambiciosos: Dante, Ovidio, San Francisco, unos pasajes del Evangelio de Juan. Y cuando escribo poemas los guardo en una carpeta que se llama “Conozco esta canción”, que me encanta de título para un futuro libro de poemas. Ahora me invitaron a hablar de “Borges poeta” en un homenaje por los cuarenta años de su muerte, así que específicamente esta mañana estuve trabajando en eso: una comparación entre el poema “Un soldado de Urbina” y “La lluvia”.


Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá,
también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?


Alejandro Crotto: Dos cosas se me ocurren. Una es que la canción, que es evidentemente una forma de poesía, tiene mucha llegada. Yo diría que es el género dominante, más que la novela o el cuento o el teatro. Pero es verdad que es un tipo de poesía muy específicamente lírica, y que hay una zona de la poesía, incluso dentro de la poesía lírica, que es la más exigente, la que le exige todo al lector para desplegase, que se ha transformado en algo de nicho. Es una pena porque hay algo ahí decisivo. Y no es casual, claro. Nuestra capacidad de atención está siendo sistemáticamente destruida. Habría que organizar una revolución. Y mientras tanto estar muy atento a combatir en uno esa ofensiva lobotomizante.



NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA


Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Publicó los libros «Abejas» (2009), «Chesterton» (2013), «Once personas» (2015), «Francisco –un monólogo dramático» (2017) y «Quiero» (2023). Publicó también una traducción anotada del «Infierno» de Dante Alighieri (2020), la crónica «Final» (2022), escrita con su hermano Marcos Crotto, el libro de ensayos «Los porqués de la rosa» (2024) y una antología de su poesía bajo el título «Qué es el amor» (2024). Dirigió la revista «Hablar de Poesía» desde su número 36 (agosto 2017) hasta su último número, el número 50 (diciembre 2024). Enseña poesía y traducción de poesía en la UBA y en la UNA.




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