GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a MISAEL RUIZ
(Publicado en la página de Facebook el 28 de enero de 2026)
Misael Ruiz (Bruselas,1960) es poeta, editor y traductor de poesía. Pasó su infancia en África antes de instalarse en España. Actualmente, reside en Barcelona.
En la entrevista, Misael, dice:
«Hace años que no me propongo escribir, me limito a estar disponible traduciendo, corrigiendo, leyendo, desocupándome… Me gustaría pensar que escribo sin escribir.»
SELECCIÓN DE OBRA
EL MUERTO estaba ahí.
Al principio no se movía.
Luego comenzó a madurar. Era extraño
verle, sabiendo que su cuerpo
era nada, alzarse frente a mí:
yo soy la medida de tus días, parecía decirme,
porque sólo un muerto
a destiempo puede darte
tu medida.
Ha crecido con los años,
su rostro se ha vuelto, sin envejecer,
más comprensivo y triste, pero
de una tristeza indiferente que nos mira
y sabe lo que no sabemos de nosotros.
Ha perdido, en su falta de tiempo,
lo que le faltaba.
Ahora
sus fronteras son de aire.
No se deja juzgar. No nos juzga.
Por el peso de su sombra sé
que decrezco.
De «La rama vacía» (Trea, 2010)
ES CASI un milagro
que las cosas existan. Por
ejemplo: el cielo gris,
la mano, su tersura ya perdida,
la pura materia. Mas,
se dice, no es un sueño, es
mi sueño real, la confluencia
irrepetible del vacío
en el ojo de la lengua.
Allí están las estrellas,
y su ausencia; las montañas,
y su sombra. Allí se produce,
en su fragua de sílabas, el milagro.
De «Todo es real» (Pretextos, 2017)
Cordial
Su corazón fue sacado de su cuerpo sin dudar,
lavado y alimpiado, luego vuelto a su lugar [...]
ANÓNIMO, S. XVI
Le arrancaron el corazón de cuajo
y prometieron devolvérselo al amanecer.
Aguardó con el aliento puro,
agazapado al fondo del cuerpo;
regresaron con las manos ensangrentadas
y pusieron el corazón en su lugar.
Ahora, dijeron, tu corazón
está limpio. Nada puede entristecerlo.
Hemos acordado tus deseos
con la música del viento: sus tañidos
sonarán dulcemente en tu pecho.
De «Una idea de mundo» (Animal Sospechoso, 2022)
EN UN país de acacias
la arcilla roja en nuestras manos;
el mango, la papaya,
el agua muda y parda de los ríos, el ímpetu
del cuerpo contra el cuerpo;
la sorpresa del mono y la jineta,
el hombre que al volver el rostro ofrece
su flor de lepra;
el olor de una hoguera,
las intrincadas trenzas, el chasquido
de unos dedos duros como la piedra;
las camisas blancas, los pies descalzos.
Ya lejos,
en un lugar sin nombre,
invernal
y triste, se apagó la tierra: somos
del jardín de la nada.
De «La rama vacía» (Animal Sospechoso, 2025)
ENTREVISTA CON EL AUTOR
Gilgamesh: Misael, me arriesgo a esbozar su poética, «la confluencia/ irrepetible del vacío / en el ojo de la lengua», citándolo. ¿Cuándo empieza este trabajo, esta aventura con la poesía?
Misael Ruiz: Las cosas empiezan siempre antes de que lo sepamos. En mi imaginario personal hay un día en el que me descubro tratando de ensamblar un objeto verbal en el patio del colegio, junto a un muro, apartado del juego de mis compañeros. Supongo que, sin saberlo, sentía la presión de ese «vacío» y me esforzaba por darle una forma concreta con «el ojo de la lengua». Recojo ese momento en «Intramuros», un poema de mi primer libro.
Gilgamesh: Del «Hueco de las cosas» a «La rama vacía», ¿qué temas, qué búsquedas insisten? El proceso creativo, en cada caso, ¿cómo se ha manifestado?
Misael Ruiz: Se supone que las partes implicadas son las menos indicadas a la hora de explicar sus acciones. Puede que en «El hueco de las cosas» buscara aislar, sin saber que lo hacía, el fundamento de mis propias palabras: la tensión entre su presencia material y su sentido, la frontera difusa entre las palabras y el mundo. Después, en «Todo es real», las palabras se olvidan un poco de sí mismas para centrar su atención sobre el mundo, del que nada –material o inmaterial– está excluido. En «Una idea de mundo» la conciencia del propio acto de escritura es aún mayor y, en cierto modo, trata lo real –el mundo– como pensamiento. Quizás por eso el siguiente libro, «La rama vacía», se repliega de nuevo hacia ese vacío inicial con una palabra más sensible a los afectos y la relación con los otros. Pero no haría mucho caso de lo que acabo de decir, es una visión improvisada y sesgada de mis propios libros.
Gilgamesh: ¿De qué manera «se produce / en su fragua de sílabas, el milagro»?
Misael Ruiz: El poema –cuando es un poema verdadero– es como un iceberg: permanece siempre parcialmente sumergido. Goethe decía que quien quiera entender la poesía debe adentrarse en el país de la poesía. En mi caso, lo más que puedo hacer es no interferir, desprenderme de todo propósito. Cualquier atisbo de intencionalidad mata mis poemas de raíz. Puedo preparar la tierra –la «fragua de sílabas»–, pero después el poema debe germinar por sí solo. Hace años que no me propongo escribir, me limito a estar disponible traduciendo, corrigiendo, leyendo, desocupándome… Me gustaría pensar que escribo sin escribir.
Gilgamesh: ¿Qué lecturas, qué escrituras, qué rituales acompañan la escritura de un poema, de un nuevo libro de poemas?
Misael Ruiz: Supongo que cada mente funciona de modo diferente. Mis poemas no nacen nunca de modo consciente a partir de la lectura, aunque necesariamente estarán teñidos de todas ellas. Procuro no indagar mucho en los rituales externos, no prestarles demasiada atención. Aunque es cierto que los momentos de poesía aparecen muchas veces cuando el flujo de lo cotidiano se interrumpe y, por decirlo de alguna manera, el tiempo se detiene o, más bien, avanza en una dirección diferente.
Gilgamesh: En el proceso escritural, ¿qué lugar ocupan la revisión, la corrección, la reescritura?
Misael Ruiz: Mucho. Los poemas que nacen vivos lo hacen siempre de modo inesperado, sin propósito, a tientas. Es la única manera de que no se me mueran entre las manos. Pero después –y solo después– vuelvo a ellos una y otra vez, aunque lo único que puedo hacer es eliminar todo aquello que, ahora ya como lector, me parece impostado o donde percibo una voluntad de dirigir el poema. La poesía es hija del deseo, la voluntad acaba con él. Durante la reescritura me limito a eliminar y reordenar, pero –salvo casos puntuales– soy incapaz de añadir nada.
Gilgamesh: El trabajo de traductor, ¿cómo incide en el de poeta? ¿Y el de poeta en el de traductor?
Misael Ruiz: La traducción de poesía es una lectura atenta. Nos obliga a hacer literalmente nuestras las palabras de otro. En el pasado los pintores copiaban los cuadros de los antiguos maestros –es decir, los traducían a su propio trazo– hasta alcanzar a través de ellos su propio estilo. Es también una manera de seguir trabajando cuando no tengo necesidad de decir nada.
Gilgamesh: Ha editado y traducido la obra de R.S. Thomas, Clive Wilmer, George Herbert, Catherine Pozzi, Lala Blay y George Santayana. ¿Qué significan estos nombres en su educación sentimental-poética? ¿Qué autores le quedan pendiente de traducción?
Misael Ruiz: Todos ellos han dejado su impronta. Cuando uno pasa mucho tiempo en la intimidad de la obra de otros, se produce inevitablemente una transfusión de su pensamiento poético. Crear es en gran medida seleccionar y recombinar elementos preexistentes –las palabras y las formas de pensamiento y de sentimiento que heredamos del pasado–, eso sí, en un contexto diferente que modifica su efecto sobre los lectores. La traducción, como modo de lectura privilegiado, forma parte de ese proceso. De todos he aprendido algo, espero, pero quizás sea la poesía de George Herbert la que preferiría haber absorbido de modo más profundo.
Gilgamesh: Como editor, ¿cómo gestiona la edición de su obra? En Argentina hay un auge de pequeñas editoriales, todas independientes, que hacen circular la obra de las nuevas generaciones poéticas. ¿Cuál es el panorama en España?
Misael Ruiz: No sé si gestiono nada. He tenido ocasión de publicar mis libros en distintas editoriales y eso he hecho. En la medida en que puedo, mi prioridad es que el libro se distribuya y que la editorial tenga una coherencia y un rigor literario. Como el género en sí mismo carece de valor comercial, la poesía contemporánea suele publicarse en editoriales modestas. Entiendo que las grandes editoriales mantienen sus colecciones de poesía por motivos de supuesto prestigio literario y las financian con otros géneros.
Gilgamesh: Como poeta, editor y traductor, ¿cómo ve el campo poético en la península? ¿Hay intercambios con poetas, traductores, editores de lengua castellana fuera de España?
Misael Ruiz: No me atrevo a hacer una valoración general. Conozco lo que leo y eso es siempre limitado. Pienso que el valor de la poesía es particular, no general. Una poeta o un poeta puede atraerme mucho, mientras que otro poeta del mismo estilo, grupo o generación me resulta indiferente. Lo que importa en un poema escapa siempre a las etiquetas, lo mismo que sucede con las personas. Las corrientes o generaciones son descripciones generales. En mi caso, tengo relación sobre todo con poetas que ejercen su actividad principal en Barcelona, que es donde vivo, pero su procedencia es muy diversa. Muchos nacieron al otro lado del Atlántico o en otras regiones de la península; lo que nos emparenta es la lengua. Precisamente estos días he publicado una antología con entrevistas a quince poetas sobre su proceso de creación –«Poetas en construcción» (Animal Sospechoso, 2026)– en la que participan poetas nacidos en Argentina, Uruguay, Colombia, Cuba, Chile, Bélgica, Rumanía y, de los peninsulares, en Barcelona, Valencia, Bilbao, Madrid, Extremadura, Euskadi y Galicia. Lo más significativo es que la variedad de procedencias de los poetas no ha sido buscada, sino que es un reflejo directo del mundo en el que vivimos.
Gilgamesh: Es coautor de «Renga» y de «Interacciones». ¿Nos contaría sobre esas experiencias?
Misael Ruiz: Cada uno de estos libros surge de modo distinto, pero ambos subrayan el carácter dialógico de la poesía. Incluso cuando pueda parecer un discurso personal e intransferible, los poetas están dialogando con la lengua, abriéndola a nuevas posibilidades, como las hebras sueltas en los márgenes de un tapiz que siguiera tejiéndose indefinidamente en todas direcciones. El primero de ellos es, como indica el título, un renga, o poema colectivo a tres voces de inspiración japonesa. Alberto Silva, uno de los participantes junto a Juan Pablo Roa y yo mismo, es traductor de poesía japonesa clásica y profundo conocedor de su tradición. Sin embargo, evitamos ceñirnos a los elementos orientalizantes. Hay un precedente de «renga» en cuatro idiomas, con Octavio Paz, pero en nuestro caso procedimos de un modo, a nuestro entender, más orgánico, confundiendo nuestras voces en cada poema en vez de mantener cada una de ellas por separado. «Interacciones» es, por su lado, un diálogo poético y fotográfico con la también poeta Mónica Picorel.
Gilgamesh: ¿Qué lugar ocupa el lector (¿"real''?, ¿"ideal"?) a la hora de la escritura y de la difusión del libro?
Misael Ruiz: A la hora de escribir no pienso en ningún lector, aunque es evidente que hay un lector implícito –e indeterminado– porque de no ser así ni siquiera intentaríamos mostrar lo que escribimos. Pero el otro que nos lee es la propia lengua, es decir, la huella de todos los que han hablado y escrito en ella; y también en otras lenguas, me atrevería a decir. La palabra conlleva siempre la presencia de un otro: es una relación, aunque sea solo escuchar «con los ojos a los muertos». La difusión, la publicación, es una manera de prolongar esa enunciación, de que las palabras resuenen. Pero sin sacralizarlas porque –hago mía una frase de Santiago Sanz– «la poesía huye siempre del templo donde se la venera».
Gilgamesh: ¿Cómo surge el blog «Mecanismos»? ¿Qué devolución tiene por parte de sus lectores?
Misael Ruiz: La revista «Mecanismos» comenzó hace más de 10 años como un blog y se transformó posteriormente en una web. Publica poesía, ensayos, entrevistas y, desde hace poco, grabaciones. Todo ello con cierta vocación de permanencia. La propia disposición de la revista es doble: por un lado, aparecen las publicaciones cronológicamente y, por otro, se ordenan alfabéticamente. Trato de cuidar al máximo los textos, la maquetación y el aspecto visual. Recoge poetas en lengua española, así como traducciones de otros idiomas y reflexiones sobre poesía. En poesía no tiene mucho sentido la urgencia de las novedades literarias, de modo que conviven autores clásicos y contemporáneos en lengua española o en traducciones. Por falta de tiempo, no recibimos propuestas sino que pedimos siempre las colaboraciones.
Gilgamesh: Según Adorno, «Después de Auschwitz, ya no habrá más poesía». ¿Y después de Gaza? ¿Cuál su opinión acerca del compromiso que debe asumir el poeta en su tiempo?
Misael Ruiz: Celan siguió escribiendo poesía, y no desde la indiferencia. La poesía es un lenguaje sin límites prefijados. Debería poder hablar de cualquier cosa y, por ese mismo motivo, no tolera su instrumentalización. Para José Ángel Valente la poesía es un «animal sospechoso para la ideología» precisamente porque no se deja domesticar. En cuanto leemos un poema percibimos si sus palabras son verdaderas o impostadas, si responden a una realidad vivida afectiva, física e intelectualmente o si, por el contrario, se trata de un instrumento literario. Por eso creo que el compromiso del poeta lo es hacia la poesía, otra cosa es su implicación social en otros ámbitos de la vida. Al igual que en una conversación, solo acogemos las palabras del poema y las hacemos nuestras si sentimos que no hay ninguna intención tras ellas. El sentido político del poema es no servir a nada ni a nadie. Su misma falta de utilidad externa es un acto político en sí mismo, aunque solo sea porque abre una brecha e interrumpe los discursos y sus parcelas de poder, cualquier poder.
Gilgamesh: La última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá, también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. A esto llamo el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en su opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?
Misael Ruiz: La poesía puede adoptar muchas formas, algunas de ellas públicas; por ejemplo, un concierto o una escena en una serie. Pero el poema como tal ha quedado constreñido al ámbito privado, a la lectura silenciosa. Está bien así. La emoción poética es una experiencia individual en la conciencia del que lee. El acto de dejar que la palabra de otro dé forma a nuestro pensamiento y a nuestras emociones durante el transcurso de la lectura es, en ese sentido, comparable a la entrega amorosa. Desde que escribiera esa frase George Steiner la idea de gran público se ha exacerbado aún más y no es infrecuente que quienes escriban poesía pretendan hacer de ello un espectáculo, es decir, lo quieran convertir en un acto público. Pero, por usar la misma expresión, no puede compararse el «lazo» de quien lee un poema para sí mismo con la experiencia colectiva de su representación pública. Son dos «juegos de lenguaje» distintos, del mismo modo que nadie confunde una conversación íntima entre dos personas con una reunión social.
NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA
Misael Ruiz (Bruselas,1960) es poeta, editor y traductor de poesía. Pasó su infancia en África antes de instalarse en España. Actualmente, reside en Barcelona. Ha publicado los libros de poesía «El hueco de las cosas» (Trea, 2010), «Todo es real» (Pretextos, 2017, premio Antonio Oliver Belmás), «Una idea de mundo» (Animal Sospechoso, 2022) y «La rama vacía» (Animal Sospechoso, 2025). Es coautor de «Renga» (Animal Sospechoso, 2022, con Alberto Silva y Juan Pablo Roa) y de «Interacciones» (Eragin, 2025, con Mónica Picorel, fotografía y poesía). Ha editado y traducido la obra de R.S. Thomas (Trea, 2008), Clive Wilmer (Vaso Roto, 2011), George Herbert (Animal Sospechoso, 2014, premio de Traducción Ángel Crespo, con Santiago Sanz), Catherine Pozzi (Animal Sospechoso, 2018), Lala Blay (Animal Sospechoso, 2022) y George Santayana (Animal Sospechoso, 2022, con Santiago Sanz). Ha recibido el Premio de Traducción Ángel Crespo (2015) y el Premio de poesía Antonio Oliver Belmás (2016). Coordina el blog de poesía mecanismos.org

No hay comentarios.:
Publicar un comentario