miércoles, 28 de enero de 2026


 

GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a MISAEL RUIZ

(Publicado en la página de Facebook el 28 de enero de 2026)

Misael Ruiz (Bruselas,1960) es poeta, editor y traductor de poesía. Pasó su infancia en África antes de instalarse en España. Actualmente, reside en Barcelona.


En la entrevista, Misael, dice:


«Hace años que no me propongo escribir, me limito a estar disponible traduciendo, corrigiendo, leyendo, desocupándome… Me gustaría pensar que escribo sin escribir.»


SELECCIÓN DE OBRA


EL MUERTO estaba ahí.


Al principio no se movía.

Luego comenzó a madurar. Era extraño

verle, sabiendo que su cuerpo

era nada, alzarse frente a mí:

yo soy la medida de tus días, parecía decirme,

porque sólo un muerto

a destiempo puede darte

tu medida.


Ha crecido con los años,

su rostro se ha vuelto, sin envejecer,

más comprensivo y triste, pero

de una tristeza indiferente que nos mira

y sabe lo que no sabemos de nosotros.

Ha perdido, en su falta de tiempo,

lo que le faltaba.


Ahora

sus fronteras son de aire.

No se deja juzgar. No nos juzga.

Por el peso de su sombra sé

que decrezco.


De «La rama vacía» (Trea, 2010)


ES CASI un milagro

que las cosas existan. Por

ejemplo: el cielo gris,

la mano, su tersura ya perdida,

la pura materia. Mas,

se dice, no es un sueño, es

mi sueño real, la confluencia

irrepetible del vacío

en el ojo de la lengua.

Allí están las estrellas,

y su ausencia; las montañas,

y su sombra. Allí se produce,

en su fragua de sílabas, el milagro.


De «Todo es real» (Pretextos, 2017)


Cordial


Su corazón fue sacado de su cuerpo sin dudar,

lavado y alimpiado, luego vuelto a su lugar [...]

ANÓNIMO, S. XVI


Le arrancaron el corazón de cuajo

y prometieron devolvérselo al amanecer.


Aguardó con el aliento puro,

agazapado al fondo del cuerpo;


regresaron con las manos ensangrentadas

y pusieron el corazón en su lugar.


Ahora, dijeron, tu corazón

está limpio. Nada puede entristecerlo.


Hemos acordado tus deseos

con la música del viento: sus tañidos

sonarán dulcemente en tu pecho.


De «Una idea de mundo» (Animal Sospechoso, 2022)


EN UN país de acacias

la arcilla roja en nuestras manos;


el mango, la papaya,

el agua muda y parda de los ríos, el ímpetu

del cuerpo contra el cuerpo;


la sorpresa del mono y la jineta,

el hombre que al volver el rostro ofrece

su flor de lepra;


el olor de una hoguera,

las intrincadas trenzas, el chasquido

de unos dedos duros como la piedra;


las camisas blancas, los pies descalzos.


Ya lejos,

en un lugar sin nombre,

invernal


y triste, se apagó la tierra: somos

del jardín de la nada.


De «La rama vacía» (Animal Sospechoso, 2025)


ENTREVISTA CON EL AUTOR

Gilgamesh: Misael, me arriesgo a esbozar su poética, «la confluencia/ irrepetible del vacío / en el ojo de la lengua», citándolo. ¿Cuándo empieza este trabajo, esta aventura con la poesía?


Misael Ruiz: Las cosas empiezan siempre antes de que lo sepamos. En mi imaginario personal hay un día en el que me descubro tratando de ensamblar un objeto verbal en el patio del colegio, junto a un muro, apartado del juego de mis compañeros. Supongo que, sin saberlo, sentía la presión de ese «vacío» y me esforzaba por darle una forma concreta con «el ojo de la lengua». Recojo ese momento en «Intramuros», un poema de mi primer libro.


Gilgamesh: Del «Hueco de las cosas» a «La rama vacía», ¿qué temas, qué búsquedas insisten? El proceso creativo, en cada caso, ¿cómo se ha manifestado?


Misael Ruiz: Se supone que las partes implicadas son las menos indicadas a la hora de explicar sus acciones. Puede que en «El hueco de las cosas» buscara aislar, sin saber que lo hacía, el fundamento de mis propias palabras: la tensión entre su presencia material y su sentido, la frontera difusa entre las palabras y el mundo. Después, en «Todo es real», las palabras se olvidan un poco de sí mismas para centrar su atención sobre el mundo, del que nada –material o inmaterial– está excluido. En «Una idea de mundo» la conciencia del propio acto de escritura es aún mayor y, en cierto modo, trata lo real –el mundo– como pensamiento. Quizás por eso el siguiente libro, «La rama vacía», se repliega de nuevo hacia ese vacío inicial con una palabra más sensible a los afectos y la relación con los otros. Pero no haría mucho caso de lo que acabo de decir, es una visión improvisada y sesgada de mis propios libros.


Gilgamesh: ¿De qué manera «se produce / en su fragua de sílabas, el milagro»? 


Misael Ruiz: El poema –cuando es un poema verdadero– es como un iceberg: permanece siempre parcialmente sumergido. Goethe decía que quien quiera entender la poesía debe adentrarse en el país de la poesía. En mi caso, lo más que puedo hacer es no interferir, desprenderme de todo propósito. Cualquier atisbo de intencionalidad mata mis poemas de raíz. Puedo preparar la tierra –la «fragua de sílabas»–, pero después el poema debe germinar por sí solo. Hace años que no me propongo escribir, me limito a estar disponible traduciendo, corrigiendo, leyendo, desocupándome… Me gustaría pensar que escribo sin escribir.


Gilgamesh: ¿Qué lecturas, qué escrituras, qué rituales acompañan la escritura de un poema, de un nuevo libro de poemas?


Misael Ruiz: Supongo que cada mente funciona de modo diferente. Mis poemas no nacen nunca de modo consciente a partir de la lectura, aunque necesariamente estarán teñidos de todas ellas. Procuro no indagar mucho en los rituales externos, no prestarles demasiada atención. Aunque es cierto que los momentos de poesía aparecen muchas veces cuando el flujo de lo cotidiano se interrumpe y, por decirlo de alguna manera, el tiempo se detiene o, más bien, avanza en una dirección diferente.


Gilgamesh: En el proceso escritural, ¿qué lugar ocupan la revisión, la corrección, la reescritura?


Misael Ruiz: Mucho. Los poemas que nacen vivos lo hacen siempre de modo inesperado, sin propósito, a tientas. Es la única manera de que no se me mueran entre las manos. Pero después –y solo después– vuelvo a ellos una y otra vez, aunque lo único que puedo hacer es eliminar todo aquello que, ahora ya como lector, me parece impostado o donde percibo una voluntad de dirigir el poema. La poesía es hija del deseo, la voluntad acaba con él. Durante la reescritura me limito a eliminar y reordenar, pero –salvo casos puntuales– soy incapaz de añadir nada.


Gilgamesh: El trabajo de traductor, ¿cómo incide en el de poeta? ¿Y el de poeta en el de traductor? 


Misael Ruiz: La traducción de poesía es una lectura atenta. Nos obliga a hacer literalmente nuestras las palabras de otro. En el pasado los pintores copiaban los cuadros de los antiguos maestros –es decir, los traducían a su propio trazo– hasta alcanzar a través de ellos su propio estilo. Es también una manera de seguir trabajando cuando no tengo necesidad de decir nada.


Gilgamesh: Ha editado y traducido la obra de R.S. Thomas, Clive Wilmer, George Herbert, Catherine Pozzi, Lala Blay y George Santayana. ¿Qué significan estos nombres en su educación sentimental-poética? ¿Qué autores le quedan pendiente de traducción?


Misael Ruiz: Todos ellos han dejado su impronta. Cuando uno pasa mucho tiempo en la intimidad de la obra de otros, se produce inevitablemente una transfusión de su pensamiento poético. Crear es en gran medida seleccionar y recombinar elementos preexistentes –las palabras y las formas de pensamiento y de sentimiento que heredamos del pasado–, eso sí, en un contexto diferente que modifica su efecto sobre los lectores. La traducción, como modo de lectura privilegiado, forma parte de ese proceso. De todos he aprendido algo, espero, pero quizás sea la poesía de George Herbert la que preferiría haber absorbido de modo más profundo.


Gilgamesh: Como editor, ¿cómo gestiona la edición de su obra? En Argentina hay un auge de pequeñas editoriales, todas independientes, que hacen circular la obra de las nuevas generaciones poéticas. ¿Cuál es el panorama en España?


Misael Ruiz: No sé si gestiono nada. He tenido ocasión de publicar mis libros en distintas editoriales y eso he hecho. En la medida en que puedo, mi prioridad es que el libro se distribuya y que la editorial tenga una coherencia y un rigor literario. Como el género en sí mismo carece de valor comercial, la poesía contemporánea suele publicarse en editoriales modestas. Entiendo que las grandes editoriales mantienen sus colecciones de poesía por motivos de supuesto prestigio literario y las financian con otros géneros.


Gilgamesh: Como poeta, editor y traductor, ¿cómo ve el campo poético en la península? ¿Hay intercambios con poetas, traductores, editores de lengua castellana fuera de España?


Misael Ruiz: No me atrevo a hacer una valoración general. Conozco lo que leo y eso es siempre limitado. Pienso que el valor de la poesía es particular, no general. Una poeta o un poeta puede atraerme mucho, mientras que otro poeta del mismo estilo, grupo o generación me resulta indiferente. Lo que importa en un poema escapa siempre a las etiquetas, lo mismo que sucede con las personas. Las corrientes o generaciones son descripciones generales. En mi caso, tengo relación sobre todo con poetas que ejercen su actividad principal en Barcelona, que es donde vivo, pero su procedencia es muy diversa. Muchos nacieron al otro lado del Atlántico o en otras regiones de la península; lo que nos emparenta es la lengua. Precisamente estos días he publicado una antología con entrevistas a quince poetas sobre su proceso de creación –«Poetas en construcción» (Animal Sospechoso, 2026)– en la que participan poetas nacidos en Argentina, Uruguay, Colombia, Cuba, Chile, Bélgica, Rumanía y, de los peninsulares, en Barcelona, Valencia, Bilbao, Madrid, Extremadura, Euskadi y Galicia. Lo más significativo es que la variedad de procedencias de los poetas no ha sido buscada, sino que es un reflejo directo del mundo en el que vivimos.


Gilgamesh: Es coautor de «Renga» y de «Interacciones». ¿Nos contaría sobre esas experiencias? 


Misael Ruiz: Cada uno de estos libros surge de modo distinto, pero ambos subrayan el carácter dialógico de la poesía. Incluso cuando pueda parecer un discurso personal e intransferible, los poetas están dialogando con la lengua, abriéndola a nuevas posibilidades, como las hebras sueltas en los márgenes de un tapiz que siguiera tejiéndose indefinidamente en todas direcciones. El primero de ellos es, como indica el título, un renga, o poema colectivo a tres voces de inspiración japonesa. Alberto Silva, uno de los participantes junto a Juan Pablo Roa y yo mismo, es traductor de poesía japonesa clásica y profundo conocedor de su tradición. Sin embargo, evitamos ceñirnos a los elementos orientalizantes. Hay un precedente de «renga» en cuatro idiomas, con Octavio Paz, pero en nuestro caso procedimos de un modo, a nuestro entender, más orgánico, confundiendo nuestras voces en cada poema en vez de mantener cada una de ellas por separado. «Interacciones» es, por su lado, un diálogo poético y fotográfico con la también poeta Mónica Picorel.



Gilgamesh: ¿Qué lugar ocupa el lector (¿"real''?, ¿"ideal"?) a la hora de la escritura y de la difusión del libro?


Misael Ruiz: A la hora de escribir no pienso en ningún lector, aunque es evidente que hay un lector implícito –e indeterminado– porque de no ser así ni siquiera intentaríamos mostrar lo que escribimos. Pero el otro que nos lee es la propia lengua, es decir, la huella de todos los que han hablado y escrito en ella; y también en otras lenguas, me atrevería a decir. La palabra conlleva siempre la presencia de un otro: es una relación, aunque sea solo escuchar «con los ojos a los muertos». La difusión, la publicación, es una manera de prolongar esa enunciación, de que las palabras resuenen. Pero sin sacralizarlas porque –hago mía una frase de Santiago Sanz– «la poesía huye siempre del templo donde se la venera».


Gilgamesh: ¿Cómo surge el blog «Mecanismos»? ¿Qué devolución tiene por parte de sus lectores? 


Misael Ruiz: La revista «Mecanismos» comenzó hace más de 10 años como un blog y se transformó posteriormente en una web. Publica poesía, ensayos, entrevistas y, desde hace poco, grabaciones. Todo ello con cierta vocación de permanencia. La propia disposición de la revista es doble: por un lado, aparecen las publicaciones cronológicamente y, por otro, se ordenan alfabéticamente. Trato de cuidar al máximo los textos, la maquetación y el aspecto visual. Recoge poetas en lengua española, así como traducciones de otros idiomas y reflexiones sobre poesía. En poesía no tiene mucho sentido la urgencia de las novedades literarias, de modo que conviven autores clásicos y contemporáneos en lengua española o en traducciones. Por falta de tiempo, no recibimos propuestas sino que pedimos siempre las colaboraciones.



Gilgamesh:  Según Adorno, «Después de Auschwitz, ya no habrá más poesía». ¿Y después de Gaza? ¿Cuál su opinión acerca del compromiso que debe asumir el poeta en su tiempo?


Misael Ruiz: Celan siguió escribiendo poesía, y no desde la indiferencia. La poesía es un lenguaje sin límites prefijados. Debería poder hablar de cualquier cosa y, por ese mismo motivo, no tolera su instrumentalización. Para José Ángel Valente la poesía es un «animal sospechoso para la ideología» precisamente porque no se deja domesticar. En cuanto leemos un poema percibimos si sus palabras son verdaderas o impostadas, si responden a una realidad vivida afectiva, física e intelectualmente o si, por el contrario, se trata de un instrumento literario. Por eso creo que el compromiso del poeta lo es hacia la poesía, otra cosa es su implicación social en otros ámbitos de la vida. Al igual que en una conversación, solo acogemos las palabras del poema y las hacemos nuestras si sentimos que no hay ninguna intención tras ellas. El sentido político del poema es no servir a nada ni a nadie. Su misma falta de utilidad externa es un acto político en sí mismo, aunque solo sea porque abre una brecha e interrumpe los discursos y sus parcelas de poder, cualquier poder.


Gilgamesh: La última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá, también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. A esto llamo el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en su opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?


Misael Ruiz: La poesía puede adoptar muchas formas, algunas de ellas públicas; por ejemplo, un concierto o una escena en una serie. Pero el poema como tal ha quedado constreñido al ámbito privado, a la lectura silenciosa. Está bien así. La emoción poética es una experiencia individual en la conciencia del que lee. El acto de dejar que la palabra de otro dé forma a nuestro pensamiento y a nuestras emociones durante el transcurso de la lectura es, en ese sentido, comparable a la entrega amorosa. Desde que escribiera esa frase George Steiner la idea de gran público se ha exacerbado aún más y no es infrecuente que quienes escriban poesía pretendan hacer de ello un espectáculo, es decir, lo quieran convertir en un acto público. Pero, por usar la misma expresión, no puede compararse el «lazo» de quien lee un poema para sí mismo con la experiencia colectiva de su representación pública. Son dos «juegos de lenguaje» distintos, del mismo modo que nadie confunde una conversación íntima entre dos personas con una reunión social.

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA


Misael Ruiz (Bruselas,1960) es poeta, editor y traductor de poesía. Pasó su infancia en África antes de instalarse en España. Actualmente, reside en Barcelona. Ha publicado los libros de poesía «El hueco de las cosas» (Trea, 2010), «Todo es real» (Pretextos, 2017, premio Antonio Oliver Belmás), «Una idea de mundo» (Animal Sospechoso, 2022) y «La rama vacía» (Animal Sospechoso, 2025). Es coautor de «Renga» (Animal Sospechoso, 2022, con Alberto Silva y Juan Pablo Roa) y de «Interacciones» (Eragin, 2025, con Mónica Picorel, fotografía y poesía). Ha editado y traducido la obra de R.S. Thomas (Trea, 2008), Clive Wilmer (Vaso Roto, 2011), George Herbert (Animal Sospechoso, 2014, premio de Traducción Ángel Crespo, con Santiago Sanz), Catherine Pozzi (Animal Sospechoso, 2018), Lala Blay (Animal Sospechoso, 2022) y George Santayana (Animal Sospechoso, 2022, con Santiago Sanz). Ha recibido el Premio de Traducción Ángel Crespo (2015) y el Premio de poesía Antonio Oliver Belmás (2016). Coordina el blog de poesía mecanismos.org


 GILGAMESH: POESÍA Y POÉTICAS presenta a SANDRA GUDIÑO

(Publicado en la página de Facebook el 14 de enero de 2026)

Sandra Gudiño nació y reside en Santa Fe. Es poeta, narradora oral escénica, docente de francés.
En la entrevista, Sandra,dice:
« Más allá de una poesía social, feminista o de amor, me compromete el lenguaje, la palabra y los silencios.»
SELECCIÓN DE OBRA
47
Surco mi historia.
Descalza.
Sin prisas ni promesas.
Tengo la vida tatuada por dentro
y la piel astillada en sal.
Soy añoranza
vestida de mí.
Desnuda
(Lágrimas de Circe, Mar del Plata, 2014)
Silenguaje
Siempre supe quedarme sola
El olor redondo
de mi página en blanco
abre puertas a la jaula
Permanezco en el universo
del ojo desnudo
(el ojo mira / el mundo fluye)
percibo lo que es
también lo que no es
Intento traducir
intermitencias de luz
en el pecho
mientras otoño
se desnuda amarillo
desde el árbol
El silencio escribe
(Cada palabra
es el comienzo
de un nuevo silencio)
De vez en cuando
dejo que los ojos
recorran la mirada en el espejo
y cuando estoy agotada
de tanto esfuerzo
permito que la palabra
acoja mi cuerpo
Entonces encuentro el modo
de llenar el silencio
sin romperlo
excepto amarte
(Lágrimas de Circe, Mar del Plata, 2015)
Ausencia
Arremango nostalgias
hasta la altura
de los hoyuelos.
Hundo las manos
en la serenidad de tu sombra
recostada en el pecho.
A tientas
entro en tu cuerpo:
trazo firme
sobre el que reposan
enternecidas hilachas de ternura
y algunos besos.
Roe
roe
el monstruo
de los desvelos.
Inclino la cabeza.
Ciega musito
las sucesivas muertes
de los sueños.
Huelo a silencio
de conclusión cercana
y al oído me pregunto:
qué hay adentro
muy adentro
de la palabra
ausencia.
Núcleo
(Editorial De L’aire, Santa Fe, 2016)
Inéditos:
Receta
Hay que abusar del dolor
hay que tomar el dolor por el mango
para que de vueltas
una y otra vez
para que remueva toda la costra
pegada de lado
A fuego fuerte que cocine
el otro costado
en ese instante
quedarse parado justo ahí
mirar la herida a los ojos
esperar
Cuando por fin
el dolor estremezca
cuando no deje respirar
y sólo sea llanto largo
recién ahí
arrancar con la uña
la cascarita seca
la cascarita se cae
se cae
hay que abusar del dolor
la herida vuelve a sangrar
que manche todo
hay que otorgarle
cada milímetro de piel
que germine brote crezca
más y más
Hay que abusar del dolor
arrastrarlo hasta gritar:
no puedo más
con la sádica ironía
de no
morir del todo
Como un canto
Un día sin más plan
que levantarse y salir
a la vida
Ella
mi abuela no termina
nada no empieza nada
no hace falta
El país explota
Desde adentro
como lava corren
los vecinos no preguntan
cuándo ocurrirá
el próximo pavor
el próximo desastre
Como expulsada
del paraíso a golpes
abuela también
corre
Lo difícil no es
perder el país
dice
lo difícil es
elegir ese momento
Deja atrás la casa
la puerta la llave
no es alivio no
tampoco una tregua
Lejos en esta ciudad
inventa una sangre
un escudo
una leyenda
en otro idioma canta
con rabia con furia
con los ojos secos
de no llorar canta
cada sonido
es grito
el grito es
igual de inútil
igual de necesario
igual de despiadado
ENTREVISTA CON LA AUTORA
Gilgamesh: Sandra, leo en tu poesía lo que tan bien describe Katheen Raine en sus «Ensayos». Cito: «Los poemas no se inventan. Se puede hacer un tejido de palabras, pero si no dice la verdad, el resultado no es un poema...Las palabras de un poema ponen al descubierto la verdad, es decir, el poema». Y aquí tus versos que tienen la impronta de lo visceral, una escritura «desnuda», «núcleo». ¿Cuándo empezó este deseo de escritura poética? ¿Recordás el primer poema «cerrado» que te hizo ver y sentir que iba por allí el camino de tu poesía?
Sandra Gudiño: Es verdad que escribo desde la entraña, desde las profundidades de mi yo más honesto. “La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre, dice Audre Lorde, los más amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están empedrados con nuestros poemas, labrados en la roca de experiencias cotidianas” y desde allí, desde la desnudez, desde el núcleo, el continuo vínculo con la belleza. El centro que irradia es la poesía. Comunica luminosamente todo lo vivido y lo por vivir, lo indócil, el desvío. Lo incalificable, lo desde adentro, lo diminuto, como las mamushkas, una dentro de otra más pequeña y otra más hasta la profundidad de decir lo que rebasa, lo que rebalsa, lo político, lo que muta, lo que a veces no quisiera decir porque duele y mucho.
Reconstruir lo real a través de lo irreal, textos atravesados por la pintura de la vida misma con intensidad, ir sacando poco a poco las capas de una misma, como si de una cebolla se tratara hasta quedarme con el corazón del lenguaje en la mano y decir desde allí, lo que es, también lo que no es. El poema trabaja en lo hondo del lenguaje y desde allí ritmo, música, emoción. (Un solo cuerpo, dos cabezas: pensamiento emocionado y emoción pensante). Me paro frente a las palabras con cautela. El lenguaje está en constante movimiento. Las palabras, como criaturas vivas, a veces crueles, a veces dañinas, dicen y esperan del corte de verso un poco de silencio.
A los diez años empezó el deseo de escribir poesía, en la escuela, la maestra enseñaba descripción, yo describía la sala de una casa inventada y con bajada de verso. La maestra me invitó, entonces, a la lectura de poemas y me mandó a la biblioteca a buscar poesía. Agradezco esas recomendaciones y tanto más. Allí empieza el verdadero camino, en los errores de ortografía que cometía y la maestra inaugurando lecturas, instándome a leer mucho para solucionar dicho problema.
Si tengo que hablar del primer poema “cerrado” fue absolutamente ese de los diez, aún recuerdo el final…”una mecedora / donde mamá se hamaca / a la espera de un niño” (por supuesto no era real, soy la hija menor, era una gran mentira con bajada de verso).
Luego llegó la adolescencia y la preparatoria de francés, lectora voraz leía la los poetas malditos en su idioma original, nunca dejé de leer poesía, en francés, en castellano, ni de escribirla. Aún encuentro, en cada mudanza, algunos textos poéticos de la adolescencia y siento que fueron absolutamente el germen, la semilla.
Gilgamesh: ¿En qué contexto y con qué búsquedas se fueron gestando tus cuatro libros, por el momento, editados?
Sandra Gudiño: Soy una “chicagrande”, empecé a publicar de grande, con 47 años, pocas cosas son tan interesantes como los procesos de escritura. Las elecciones, las influencias, los caminos de lectura, los de taller, los caminos que se me presentan cuando armo una obra. Entender cómo se produce, ilumina. Empecé a reunir material desde la angustia que me provocaba tener tanto dicho y por decir, trabajar con la palabra, con el lenguaje desde el alba, resonar con cada silencio, tener tanto material escrito, tantas invitaciones a festivales, ferias de libro en mi provincia en otras provincias del país, como así también en el mundo y en las manos sólo fanzines que yo misma confeccionaba. La necesidad de un primer título me dio la posibilidad de hacer clínica de obra en otra provincia y cerrar el primer poemario. Presentarlo en Santa Fe y en otras ciudades del país, fue apenas el comienzo de un largo camino.
Gilgamesh: ¿Cada poemario es un mundo que se cierra o que se continúa en los siguientes?
Sandra Gudiño: Mis libros por momentos parecieran autobiográficos, como si me dejara ver completamente, pero cuanto más me leés te parece que acabo de huir del texto y sólo te muestro fotos, o miradas. Mientras más me leés, es mi mirada la que te mira. Es como un autorretrato donde yo misma no estoy o sólo se ve el clavo en la pared. Dejo la silla vacía y vos te sentás a mirar, con mis ojos. Te dejo el fogonazo, el flash, lo demás es tu ojo lector.
Cada poemario es en sí un mundo, y todos, del último al primero, en este orden, definen la palabra poesía para la poeta que soy.
En Desnuda acudo a mi propia voz para abrir la puerta a la morada interior, hago mi propio mapa histórico. Esa voz hace que me descubra hecha otra, otras, me asomo me descubro, la piel es el único dios posible. Y dejo espacio, en forma de apartado para las mujeres que me conmueven: mujer-hambre, mujer-tristeza, mujer-desaparecida, entre otras. En excepto amarte la mano que me dibuja no titubea, mis pájaros están maduros. Vuelvo a ser mi único yo posible. Siempre leo y reflexiono, me cuestiono, no es una relación superficial con el propio instrumento, con el lenguaje. Y de ahí cada verso: un momento de asombro estético. Mi poesía es una reflexión de primerísima importancia acerca del lenguaje y eso se continúa a lo largo de mis cuatro títulos. En Núcleo la poesía como sitio privilegiado, de espacio seguro, de epifanía, de alteridades, del descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses de otro, me pongo en el lugar de esa otredad alternando la perspectiva propia con la ajena. Ya en Ni hippie ni limonada si bien es sumamente generación ochentosa, la que me tocó vivir en la adolescencia, escribo desde ese presente, en el que se crea y se descubre aquí y ahora. Lo que continúa en cada poemario es el trabajo con la palabra. Las preguntas que no encuentran respuesta en un poemario, seguramente encuentran una intensidad poética en el siguiente. (Como en Terreno baldío que es el siguiente poemario, sin editar)
Gilgamesh: ¿Podríamos decir que tu poesía es feminista? ¿Cómo aunás en tu escritura poesía y feminismo? La «marea feminista», ¿cómo se (re)leyó y (re)escribió en tu derrotero poético?
Sandra Gudiño: Si la defino como feminista a toda mi poesía, le pongo un límite, la enjaulo, la encasillo y no es lo que deseo. La escritura se hace con lo que nosotros no sabemos de nosotros mismos, desde ese desaprenderme, me leí, me observé, identifiqué cuánto me conmueve cada piba que falta en esta ciudad, en este país, cuánta violencia en el cuerpo de cada niña, cuánto dolor me causa el maltrato a las mujeres, a las infancias, es real que llevé mi palabra como antorcha a cada marcha y acompañé la lucha. Mi poesía participó en Antologías como Grito de Mujer, Martes verde, Traza colectiva santafesina, pero antes de transitar ese camino, me anoté en la Universidad Tecnológica Nacional y estudié la diplomatura en género, para poder decir, con la palabra todo lo que me interpela e interpelar con poesía, a mi vez. Es verdad que como estudiante de preparatoria y profesorado de francés leo desde los 14 años a Simone de Beauvoir, a Simone Veil y a tantas feministas como parte de lecturas obligatorias y me acostumbré a esas miradas. Pero en este país, en la diplomatura, trabajé mi tesis con la poesía y la narrativa de escritoras que han sido faro para el feminismo. Desde ese lugar dedico a esta lucha buena parte de mi poesía, pero no toda. Soy una Sandra Gudiño comprometida con el momento social, político que me toca vivir, pero también me compromete la palabra. Todo ocurre y se resuelve en el territorio de las palabras. Tiene que haber algo que me obligue a detenerme y decirlo con silencios y recién ahí “aullar sin ruido” como dice Marguerite Duras. Más allá de una poesía social, feminista o de amor, me compromete el lenguaje, la palabra y los silencios.
Gilgamesh: ¿Te interesa que tu producción poética sea leída desde una perspectiva de género? ¿Qué tipo de lector imaginás al momento de escribir? ¿Cómo te describirías como lectora?
Sandra Gudiño: Me interesa ser leída como la mujer que soy, una mujer que escribe aquí y ahora, poesía como necesidad vital. Una poesía con espacios agujereados, con vacíos, como de puerta abierta, como modo de estar en el mundo, desobediente, caótica, díscola. De ese modo imagino un lector tal y como soy. Que lea en mi poesía un “inutensilio” como dice Paulo Leminski, que se niegue mi poesía a servir para algo, que sea sólo la certeza de ser sólo Sandra Gudiño: poesía.
Por supuesto que como lectora, soy una lectora voraz. Leo todo el tiempo, mucha poesía pero también todos los géneros. Leo muchos ensayos, los leo como ficción, sobre todo me interesan los ensayos sobre poesía, me interesa leer de todo, me corro de las urgencias actuales, es decir no leo sólo a los contemporáneos, me corro de las modas, no desestimo nada. Hay mucho de tanto valor que está mucho más atrás, esto me interesa leer también. Vuelvo a los filósofos, a los Griegos, disfruto de ello. Tengo cuatro libros empezados en la mesita de noche, pero sé a cuáles autores no leo nunca antes de dormir, porque no puedo parar y me provocan insomnio.
Gilgamesh: ¿Qué lecturas influyen y/o acompañan tu escritura actual? ¿Cuáles fueron decisivas a lo largo de tu «educación lectora»?
Sandra Gudiño: Si bien he leído siempre mucha poesía, en tiempos de incertidumbre vuelvo a los clásicos, a los que me marcaron de adolescente. Aprovecho los talleres o lo que traigo de festivales para leer a gente joven. Adoro la poesía de escritoras mujeres tanto argentinas como americanas y han sido mis referentes a lo largo del camino. A veces busco la obra completa de tal o cual autora y disfruto en continuado. Decisivas en mi escritura han sido Pizarnik, Olds, Sylvia Plath, Levertov, como así también Olga Orozco, la Tere Andruetto, Estela Figueroa, Marosa, Wislawa, Gioconda Belli, Amelia Biagioni, Peri Rossi, Beatriz Vallejos, Claudia Masin, María Negroni y Diana Bellessi, Bodoc y tantas más, sólo por nombrar algunas poetas faro, sólo por mencionar algunas mujeres valiosas, para mí toda poeta está hecha de otras poetas.
El cine también es influencia para mí, tanto como la lectura, me acostumbré a ver cine como si leyera un libro, me apasiona de igual manera que ir al museo o pasar horas en muestras de fotografía o de artistas plásticos, luego decanta la escritura. Presto el oído, voy de un arte a otro como mujer, como poeta, como decidora. Me dejo acompañar, me dejo estar en el decir de cada una de las artes para estar-siendo y escribir.
Gilgamesh: ¿En qué genealogía poética te reconocés? ¿Te sentís parte de una generación poética en particular?
Sandra Gudiño: Pertenezco al caos, fundamentalmente, no sé si me encasillaría en una generación poética determinada. Me siento, como Sandra Gudiño, parte de la generación de los “raros peinados nuevos”, (de ahí Ni hippie ni limonada) En los ’80 no sólo la poética de Spineta o de Charly García invadía la vida, sino también toda su música. Esa es en realidad la gran influencia en mi obra: la música. Me interesa mucho la música en la oralidad de mi poesía y me acompaño, no sólo de lecturas sino también y fundamentalmente de música. Sobre todo la de mi generación. No sólo en castellano, también en inglés o en el idioma que fuere. Me siento parte de esa generación, la que leía poetas prohibidos, iba a recitales de gente de su edad, para seguir haciendo pogo en los conciertos hasta el día de hoy. La gente de mi generación tiene la poesía y la música en un escenario. No sé si pertenezco a la generación slam o jam de poesía pero la vivo de igual manera y participo, es decir, me subo al escenario de este tipo de espectáculos tantas veces como puedo. Aún a mi edad. La poesía como estandarte, siempre.
Gilgamesh: Lectura y escritura, en tu trayectoria, se abren a otras intervenciones (susurradora, promotora de lectura, creadora de ciclos radiales). ¿Nos contarías sobre estas experiencias?
Sandra Gudiño: En realidad a los 40 estudié en la Universidad Nacional del Litoral Narrativa Oral Escénica, esto me dio la posibilidad de contar cuentos en el teatro, no sólo para niños, sino también para adultos, durante un largo tiempo contar cuentos me permitió recorrer las escuelas, las bibliotecas públicas de la ciudad, la experiencia es maravillosa. Contar con el otro, no para el otro. Contar con el cuerpo. Fundamentalmente me interesa, como dice Liliana Bodoc: “Porque amasar un pan y escribir un cuento son cosas muy parecidas. Porque repartir un pan entre todos y leer un cuento en voz alta son las más antiguas costumbres del amor” contar, leer un cuento como forma de dar amor. Con estas ganas de contarle cuentos a mi nieto Giovani, quien ama los cuentos, tiene 7 años y vive lejos de aquí (en la provincia de San Luis) creé un canal de Youtube donde leo cuentos para niños, trabajo que hacemos en familia, mi esposo es ingeniero en sonido se ocupa del audio, mi hija mayor de la edición de video, yo me encargo de la selección de cuentos y pongo la voz al proyecto. Mi nieto puede escuchar mi voz, aún en la distancia y espera los videos cada semana. Siempre promocionando la lectura, me impresiona la cantidad de niños que, además de Giovani escuchan los cuentos y nos dejan sus mensajes de alegría.
Luego puse la oralidad a disposición de la poesía para recitar en escenarios de forma performática cada uno de mis poemas. Hice además seminarios y talleres con gente que se dedica a performance de poesía en slams o jams, los resultados son asombrosos y a esto me dedico. Disciplina, dedicación, tiempo de estudio, amor por sobre todas las cosas a la poesía.
Por otro lado en una de mis becas, vivir en París me permitió conocer el arte del encantamiento, de la perplejidad, del misterio. Susurrar y ser susurrado: ese vínculo sensible sostenido por aire poético en movimiento. El arte de susurrar por medio de “susurradores” o ruiseñores (tubos de cartón transmisores de poesía susurrada en apenas un minuto) es un arte nacido en Francia. Hoy en día luego de hacer talleres de susurradores en París y en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires tengo mi propio taller de “formación de susurradores” un pequeño seminario que se da en bibliotecas públicas o donde me llamen a impartirlo. Lo mejor es salir a susurrar poemas al parque federal, a las plazas, a las escuelas, en un semáforo. Es una apertura a nuevos significados en las prácticas de experiencia y mediación poética y por supuesto de promoción de lectura “poética”. Este arte surge de la necesidad de desacelerar la locura del mundo, creado por Olivier Comte. Ser susurradora es ser una artista activista militando por un mundo mejor. Es la revolución de la ternura, con la palabra poética. Es un arte de repertorio: poemas de 30 segundos, o un minuto como máximo, con el ruiseñor (herramienta) busco expandir el sonido de mi voz en una respiración. Soy poéticamente responsable de mis susurros. Este arte consta de Tres privilegios y Un secreto, en medio del secreto hay Un silencio que convoca.
Por otro lado en la 94.3 Radio Cultura de Santa Fe tengo un micro de poesía llamado La otrA vOz donde leo y sobre todo cuento un poco la historia de cada poeta, los días lunes por la mañana. Leo a poetas clásicos y a poetas de nuestra región. Esa es la propuesta de este 2025. Años anteriores he leído a poetas de diferentes países, tipo ciclo de poesía, también poetas nacionales y regionales. Nunca abandonamos, en la radio, la lectura de poesía local.
Gilgamesh: ¿Cómo inciden los muchos reconocimientos que has tenido, al momento de escribir?
Sandra Gudiño: La poesía es un hábito cotidiano para mí. Me desvela, me destiende la cama, me levanta, me lleva al escritorio usurpado por libros, apuntes y un bloc de notas. Los reconocimientos, los premios y distinciones me alegran al momento de saber resultados de convocatorias, pero fundamentalmente me comprometen, con la palabra. Me ponen en camino, algunos reconocimientos me llevan a otras latitudes, me permiten conocer otras provincias, otros países, conocer y compartir con otros poetas y me incentivan a seguir. Son estímulos que agradezco absolutamente siempre, pero son la invitación a seguir escribiendo, a seguir formándome en talleres de escritura creativa.
Gilgamesh: Escribís desde una ciudad como Santa Fe Capital. Esta geografía, este pasisaje, ¿cómo traccionan la escritura? ¿Y la difusión y conformación de un grupo de referencias? ¿Fantaseaste con vivir y escribir en otras geografías?
Sandra Gudiño: Mi escritura es húmeda, de río, es citadina, con un puente colgante en la puerta. Es fundamentalmente santafesina. Si bien los ensayos me llevaron a vivir en otro país y a comunicarme en otro idioma, durante un tiempo, mi poesía es por sobre todas las cosas santafesina. Soy docente de una lengua extranjera pero escribo poesía sólo en castellano. Esta mujer que habita el litoral, escribe pájaros y río, apenas pájara dicen de mí en otras latitudes y dejo que así sea. Es así como me defino: una mujer pluvial, de humedales, comprometida con nuestra casa común, hago arte desde el aquí y ahora de mi lugar en el mundo. Hago poesía performática, salgo a recitar en diferentes escenarios de mi ciudad y me conocen por la oralidad escénica de mi poesía, no solamente por mis libros. Ese es mi modo de hacer difusión, de la misma manera que salgo a susurrar en espacios públicos, siempre poesía, en los semáforos, en las plazas, en las escuelas y bibliotecas públicas, siempre poesía.
Francia, sobre todo París me abrió las puertas porque siempre participé de convocatorias con ensayos en francés, y ganar becas me permitió vivir en París y Pas-de-Calais, pero sólo he realizado traducción de poetas argentinos al francés, sólo como trabajo, como ejercicio de práctica, es muy gratificante para mí traducir. Ensayo en francés pero soy poesía, siempre santafesina.
Gilgamesh: Nuestra última pregunta es una que, con ligeras variantes, repetimos de entrevista en entrevista. En «La muerte de la tragedia», George Steiner afirma (palabra más, palabra menos) que la poesía se ha vuelto un asunto privado esencialmente lírico y que, por lo tanto, se ha divorciado de la memoria histórica de los pueblos. Puesto en otros términos, la poesía es escrita y leída por poetas y quizá,
también leída por alguna de sus amistades... Hace largo tiempo que el llamado «gran público» ha quedado fuera de este juego. Alejandra Boero llama a esto el «lazo perdido». ¿Qué sería necesario, en tu opinión, para reparar en alguna medida esa pérdida?
Sandra Gudiño: para responder a tu “lazo perdido”, poeta querida, pienso en mí. Pienso fundamentalmente en mi forma de llevar este “asunto privado, esencialmente lírico” a otro nivel. Esto que sabemos todos: la poesía se lee en privado, se lee hacia “adentro”, esto que hemos escuchado a menudo: los poetas “se leen y se escuchan entre ellos” se dijo siempre y se seguirá repitiendo. Aun así estoy acostumbrada a la poesía en escenarios, en patios de escuelas de festivales de literatura con más de un centenar de adolescentes escuchando poetas y compartiendo sus producciones adolescentes, maravillosas experiencias compartidas, jugosos encuentros con la palabra de gente joven, escribiendo en diferentes regiones y es allí donde encuentro un público nuevo, un gran público. El único modo posible para que la poesía llegue a todos los espacios, que llegue al “gran público”, como palnteás, es llevarla a las plazas, al semáforo en la avenida, susurrarla, recitarla en los escenarios, más allá de que sea el salón dorado de la casa de gobierno o la sala de lectura de una biblioteca pública a punto de cerrar abrazada por los vecinos. A esto me dedico. Honro cada invitación a leer poesía, con estudio, disciplina y dedicación, no sólo es lo que escribo sino también cómo lo digo, cómo pongo el cuerpo a mi propia poesía o a la de tantos poetas para que otro la escuche, haga propio algún verso, y siga leyendo poesía. Hoy en día con tanta tecnología, con tanta oferta en las redes sociales, la poesía está al alcance de todos. Sólo hay que “saber mirar”.
Enormemente agradecida por esta entrevista. Que sea poesía, siempre.
Sandra Gudiño
DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Sandra Gudiño nació y reside en la ciudad de Santa Fe de la República Argentina, bajo el signo de Géminis con el mismo ascendente.
Poeta, narradora oral escénica, activa en la docencia de francés. Ensayista en ese
idioma. Diplomada en género desde la perspectiva de los derechos humanos por la UTN
Regional Santa Fe. Diplomada en Mediación Cultural de la UNGS Los Polvorines, Buenos Aires. Prologuista. Susurradora en intervenciones poéticas de espacios públicos. Promotora de lectura desde su canal de YouTube: Cuentos para Gio. Creadora y conductora del micro radial de poesía La otra Voz en la 94.3 Radio Cultura de Santa Fe.
Publicó cuatro libros de poesía: Desnuda (Mar del Plata 2014, Lágrimas de Circe) declarado de su interés por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe; excepto amarte (Mar del Plata 2015, Lágrimas de Circe); Núcleo (Santa Fe 2016, Editorial de l’aire) y Ni hippie ni limonada (Santa Fe 2022, Corteza Ediciones).
Es miembro de honor de UNILETRAS. Es miembro de la Asociación literaria QUO VADIS. Forma parte del Colectivo de escritoras feministas santafesinas TRAZA, como así también de Las Fridas de Brarcelona y el Mundo participando en cada Círculo Internacional de Poesía y Arte Mujeres Puños Violeta y Poetas por el Aborto Legal Argentina. Continúa su formación en Talleres Literarios de Santa Fe Capital.
Ha recibido premios, menciones y distinciones en concursos nacionales e
internacionales. Cada año publica poemas en numerosas Antologías Literarias
nacionales e internacionales, también en medios digitales. Participa en Encuentros de
Escritores y Ferias del libro presentando autores santafesinos como integrante de
Cultura de la Provincia de Santa Fe.
Cada poema es un punto de encuentro, y cada libro un vínculo que merece frecuentarse.
Sandra Gudiño escribe para honrar la vida.

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